13º Domingo del Tiempo Ordinario

13º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 28 de junio, 2020
Lecturas: 2 Reyes 4,8-11.14-16; Salmo 88,2-3.16-19; Rom 6,3-4.8-11; Mt 10,37-42

Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, dice: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Es verdad que Dios amó tanto al mundo que dio su Hijo único, pero por ese mismo amor el exige de nosotros una respuesta de amor y la exigencia es absoluta y sin concesión. Dios nos dice que, así como el se da completamente a nosotros, nosotros debemos darnos completamente a él. Esto no es fuerza sino la lógica interior del amor. El amor de Cristo nos urge. (2 Cor 5,14)

La lógica interior del amor llama para una respuesta que se proporciona tan a la grandeza del amor como a la grandeza de él que ama. No hay nadie que puede comparar con Dios, de quien hemos recibido todo lo que es bueno y de quien somos totalmente dependientes por nuestra misma existencia; no hay un amor que puede comparar al amor del Hijo de Dios, que entregó su vida en la Cruz y continúa entregándola en el Santísimo. Esto no es un amor de sentimiento ni de emoción, sino amor de la voluntad, del compromiso, de donación.

El Domingo pasado hable del conflicto esencial entre el pecado y la gracia, pero subraye la manera en que los poderes mundanos, los poderes de la fuerza y del engaño que actúan en el mundo de hoy, tratan de desviarnos del reino de la gracia y conducirnos de nuevo a la esclavitud del pecado. Sin embargo, la lucha esencial se encuentra en nuestro interior, en nuestro corazón y mente. Todo gira en torno de una cuestión esencial: ¿Responderemos al amor de Cristo? O ¿No lo haremos?

Esto se subraya en la 2ª lectura de hoy. Por el bautismo el dominio del pecado en nosotros fue derrotado, si no nos sometemos de nuevo a él. Sin embargo, la raíz del pecado queda en nosotros con tal que quedemos en esta vida. Por consecuencia no podemos tomar por supuesto la vida bautismal, la vida de la gracia. Debemos considerarnos muertos al pecado – esto quiere decir que tenemos continuamente rechazar la tentación al pecado – para vivir para Dios en Jesucristo; esto es lo que quiere decir caminar en la vida nueva.

Caminar en la vida nueva significa caminar en el amor de Jesucristo, el amor absoluto y sin condición que pide de nosotros en el evangelio de hoy.

En el mundo actual esto tiene una urgencia especial. Ahora, como nunca o daremos nuestro compromiso absoluto a Cristo o nos encontraremos con nada. Propaganda, pandemia, protestos, decisiones del Corte Supremo, todo nos pone a la prueba. ¿Qué será? ¿Cristo? ¿O nada?

Aquellos que van a escuchar a Cristo y están dispuestos rendir incluso su propia vida por el serán salvos. Los que tienen miedo de perder algo que piensan precioso, un miembro de su familia, una amistad, un empleo, una oportunidad de avanzar la carera, y por eso no quieren dar todo a Cristo y por Cristo, van a perder todo. Es todo o nada.

Como dije, siendo cristianos en este mundo somos atacados por fuera, pero la lucha esencial se encuentra por dentro. ¿Qué son los enemigos interiores, las raíces del pecado que se encuentra en nuestro interior, que nos impiden de entregarnos totalmente a Cristo? Son bien conocidos bajo el nombre de los siete vicios capitales: orgullo, envidia, ira, pereza, avaricia, lujuria, y gula.

Los nombres son familiares, pero debemos aprender reconocer los impulsos en nuestro interior.

El orgullo dice, “Soy yo lo mejor.” Su prima vanagloria se preocupe mas de la apariencia y dice, “¿Qué va a pensar la gente de mi? ¿Cómo puede hacer una buena apariencia?

La envidia dice, con corazón triste, “Esto no es justo. Todos admiran a Fulano y nadie piensa de mi.”

La ira dice, “¡No es justo lo que el hizo! ¡El va a pagar!

Y la pereza, la pereza cuanto a lo espiritual: “¿Rezar? No tengo ganas. La misa es aburrida. ¿Qué hay en la televisión? Aquí hay un programa rara – pescar por el hielo; remodelación de las casas; la cocina; los chismes de las celebridades; las telenovelas”.

La avaricia dice: “Quiero tener mas.”

La lujuria es bien conocida y dice: “Sexy”

La gula dice, “Mas un bocadito.”

Tenemos una inclinación a seguir y dejarnos dominar por esos impulsos, en lugar de someternos libremente al dominio de Jesucristo. Al menos por una parte damos nuestro consentimiento a uno de esos impulsos; después descubrimos que somos comprometidos. Al final nos encontramos presos por el miedo, miedo de quebrar con nuestros hábitos cómodos sino peligrosos y destructivos; miedo de dar todo para recibir todo.
Jesús nos lanza una cuerda de salvamiento: El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa

Esto es la cuerda de salvamiento: para aquellos que se sienten tímidos para dar todo, al menos pueden agarra la cuerda por reconocer, honrar, y ayudar a aquellos que dan todo a Cristo. Esto todavía no es suficiente. Si quiere que Cristo lo atrae a si por esta cuerda debe al menos decir en su corazón: “Quiero ser como ellos, o quizá querría ser como ellos. Estoy abierto a reflexionar sobre lo que es necesario. Estoy abierto para estar abierto.”

Pero el tiempo está pasando. Si continua así puede fácilmente perder la cuerda.

Actualmente, lo esencial es Jesucristo mismo, el Hijo de Dios, por quien todo fue hecho, que se hizo hombre, nacido de la Virgen María, clavado en la Cruz, resucitado de entre los muertos, sentado a la derecha del Padre, dado a nosotros en el Santísimo. Si una vez llegamos a conocerlo, si una vez gustamos de su bondad, si una vez vislumbramos su grandeza, vamos a querer pertenecer a él completamente, sin separarnos de él. Vamos a querer dar a él todo, porque sabremos que el mismo es, de verdad, mucho mayor que este todo.

En las palabras de San Pablo: Todo lo considero al presente como peso muerto en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor. (Fil 3,8)

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.