14º Domingo del Tiempo Ordinario

14º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 4 de julio, 2021
Lecturas: Ez 2,2-5; Salmo 122; 2 Cor 12,7-10; Mc 6,1-6

En medio del evangelio de hoy se menciona los hermanos y hermanas de Jesús; hay una lista de nombres – Santiago, José, Judas, y Simón. Hay personas que citan este pasaje del evangelio para afirmar contrario a la fe católica que después de Jesús, María tuvo mas hijos. Aún si tomamos la palabra ‘hermano’ en su sentido mas propio la conclusión no es seguro porque, si José fuera un viudo con hijos por un matrimonio anterior, estos hijos serían considerado como ‘hermanos’ de Jesús.

Es paradójico que se usa este pasaje para negar la virginidad de María (y también la virginidad de José) siendo que la referencia a los hermanos de Jesús se encuentra en la boca de la gente de Nazaret que están manifestando su descontento con Jesús. Aunque han oído de sus milagros y escuchado la sabiduría de sus palabras, reniegan de creer en Jesús por causa de sus hermanos y hermanas. Jesús es verdadero Dios y hombre verdadero, pero la gente de Nazaret reniega de creer en su divinidad porque lo ven como completamente humano, por causa de sus hermanos. Con efecto, el importe de sus palabras es: “¿Cómo puede ser que el hermano de esa gente que bien conocemos es alguien grande?” Los que niegan la virginidad de María están de acuerdo con la gente de Nazaret en su ataque contra Jesús.

Nuestro punto de partida para entender la santidad tan grande de María y José no debe ser un comentario muy secundario que se hace en la Escritura, sino las palabras de Dios que se encuentra dentro de la palabra de Dios. Nuestro punto de partida para entender la santidad de María debe ser las palabras del ángel a ella: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. (Lc 1,28) El ángel que viene como mensajero de Dios, revela María a si misma y a nosotros como la Inmaculada, llena de gracia. El ángel dice a San José: José, hijo de David, no temas tomar a María tu esposa. (Mt 1,20) José, el hijo de David, se revela como el heredero digno de la estirpe mesiánica y esposo digno de la santísima Virgen, a quien Dios a confiado sus tesoros mas grandes.

A la luz de tales palabras la fe católica siempre ha profesado que María era virgen antes de dar a luz, en el mismo parto, y después del parto. Su virginidad caracteriza su persona; es podemos decir la expresión física de su Inmaculada Concepción y su maternidad divina. Cuanto a San José, San Jerónimo escribió: “El mismo José era virgen por María, que de un matrimonio virginal nació un hijo virgen.” (Contra Elvidio, 21)

Siguiendo a San Jerónimo, lo mejor de la tradición católica ha también interpretado las palabras ‘hermanos’ y ‘hermanas’ en un sentido mas largo para referir a la familia ampliada de Jesús. Este uso es muy natural cuando la familia ampliada viva muy cercana uno al otro así que los tíos y primos pasan por la casa casi diariamente. El uso se encuentra en el antiguo testamento cuando Lot, el sobrino de Abraham, se llama su ‘hermano’. (Gen 13,8.11) Entonces, el sentido mas largo de ‘hermano’ es ‘pariente cercano’.

Considerando mas las palabras de la gente de Nazaret, en el contexto de todo el evangelio, podemos descubrir dos maneras de hablar de la familia de Jesús. Hay su familia ampliada, que no es muy ‘sagrada’, que consiste en sus ‘hermanos’, sus parientes. También hay la Sagrada Familia de Jesús, María, y José. La Sagrada Familia se encuentra escondida dentro del clan de su parentesco, pues solamente María y José saben el secreto de la identidad y origen de Jesús.

Ahora es importante entender que sea como fuera la manera exacta en que la gente entiende la prueba que José tuvo que pasar al descubrir el embarazo de María, que la prueba era solamente de José. Una de las razones porque Dios, en su providencia, dio José a María como esposo era para proteger la reputación de ella ante los ojos del mundo. La gente de Nazaret nunca tuvo lo pretexto mínimo para el sospecho. La familia ampliada de Jesús nunca tuvo pretexto para el sospecho. José y María vivieron un matrimonio virginal, pero esto fue el secreto de ellos. Además, siendo que Jesús no nació en Nazaret, sino en Belén y luego la Sagrada Familia tuvo que refugiarse en Egipto por unos años antes que volviera a Nazaret, todas las maravillas alrededor del nacimiento de Jesús fueron desconocido en Nazaret.

Es verdad que en Nazaret la gente habría conocido a Jesús, María, y José por su bondad, pero habría sido una bondad quieta del tipo que fácilmente la gente toma por supuesto y no estima mucho. De verás, su bondad fácilmente parecía ‘común’ o ‘ordinario’; ellos no fueron personajes que atrajera la atención a si mismo. No fue nada de la vida de Jesús en Nazaret entre sus ‘hermanos’ que causaría una anticipación de los hechos extraordinarios de que la gente ahora estaba escuchando o de las palabras de sabiduría que estaban oyendo.

San Juan nos cuenta en su evangelio: Sus hermanos no creían en él. (Jn 7,5) Quizás lo hubieran aceptado como Mesías, el hijo de David, esperando hacerse personajes de influencia en la nueva dinastía real, pero no creyeron en el Hijo de Dios.

Miren: Jesús no se metió en los juegos políticos de los hombres. Quizás los sacerdotes del templo lo hubieran aceptado si los hubiera honrado y pidiera su ayuda, su consejo, y su colaboración. De modo semejante, quizás, los fariseos y los escribas lo hubieran aceptado, si los hubiera honrado y pidiera su ayuda, su consejo, y su colaboración. Así también sus hermanos. Es probable que unos entre ellos tuvieron mas edad que Jesús y pensaron de si mismos como los lideres del clan. Sin embargo, Jesús no consultó con ellos antes que se fuera a Cafarnaúm y empezara enseñando y obrando milagros. Esto no se conformó a la manera de ellos de hacer las cosas.

Miren: Jesús no vino a nosotros según las condiciones que pongamos. Antes él exige que nosotros pongamos nuestra fe en él según las condiciones que él ponga.

Sin embargo, escondido dentro del clan, la familia ampliada de Jesús, entre sus ‘hermanos’, fue la Sagrada Familia de Jesús, María, y José. En el evangelio de hoy se dice que Jesús es ‘el hijo de María’; esto significa que José ya se fue de este mundo. Además, José era de Belén, y por eso la familia de Jesús en Nazaret fue los parientes de María.

Lo que fue escondido de la familia ampliada fue la verdad que Jesús era el Hijo de Dios hecho hombre y nacido de la Virgen. Ellos vieron solamente la natural y lo humano en Jesús; ellos fueron ignorantes de su realidad sobrenatural y divina.

Jesús solamente empezó a revelar la realidad sobrenatural y divina de su persona cuando obró su primero milagro, muy cercano a Nazaret, convirtiendo el agua en vino en Caná. (cf. Jn 2,1-11) De ahí no volvió luego a Nazaret sino se fue a Cafarnaúm. (cf. Jn 2,12) Desde entonces empezamos a ver el poder divino de Jesús obrando armoniosamente por su naturaleza humana.

En Caná Jesús mandó a los sirvientes de la boda como un hombre da ordenes al otro, para llenar las tinajas con agua, que sin observación el convirtió en vino por su poder divino. Mas tarde él mandó a sus Apóstoles, con palabras humanas, para distribuir los cinco panes y dos pescados a la multitud, y ni el pan ni el pescado se agotó. Otras veces él dio una palabra de mando, hablando como hombre, y produjo un efecto divino. Así el domingo pasado oímos como mandó a la niña muerta, ¡Niña, levántate! y la niña se levantó. (Mc 5,41) Las palabras eran humanas, pero el efecto divino.

También vemos la unión armoniosa de la humana y divina en el inicio de su vida. De un óvulo que vino de manera natural de la Virgen, Jesús fue concebido milagrosamente por el poder del Espíritu Santo. Después fue gestado en el seno de la Virgen de manera natural, pero salió en un milagro de alegría sin abrir su vientre. El vivió y creció como un hombre, pero fue dotado por una sabiduría y un poder divino, que solamente manifestó según las circunstancias de su edad, el tiempo y el lugar.

Esto fue el secreto que María y José, los padres virginales del Hijo virgen, compartieron. Cada uno de ellos también fue dotado por una gracia, sabiduría, y santidad que fue proporcionada a su misión, pero manifestada solamente según sus circunstancias humildes. Ellos eran esposos y tuvieron un Hijo que era el fruto legitimo de su matrimonio, pero no el resultado de una unión física de esposos. En Jesús se escondieron todos los tesoros de la sabiduría, de la ciencia, y de la gracia. (cf. Col 2,3) María y José compartieron esos tesoros.

A los hermanos de Jesús les faltaron la fe y por eso vieron solamente al hombre Jesús a quien redujeron a la medida de su inteligencia. Los que quieren disminuir la santidad de María y José, reduciéndolos a la medida de su inteligencia, mientras pretenden defender la grandeza de Jesús el Redentor, acaban por seguir el camino de sus hermanos y reducen a Jesús también a la medida de su inteligencia. Cuando nosotros seguimos su camino no solamente disminuimos a Jesús en nuestras mentes, fallando así en la santificación del santo nombre de Dios, pero también disminuimos nuestras propias esperanzas. Renegando creer grandes cosas de Dios tampoco esperamos grandes cosas de él.

Al contrario, la Virgen María es la mujer de fe (cf. Lc 1,45) que por la grandeza de su fe abrió la puerta para que el Hijo de Dios entrara en el mundo. Ella proclama las grandes cosas que Dios ha hecho en ella y por eso da alabanza y gloria a Dios. (cf. Lc 1,46.49) Ella nos enseña a hacer lo mismo para que podamos también experimentar las grandes cosas que Dios quiere hacer en nosotros.

Jesucristo no nos redimió para que pudiéramos vivir una vida terrestre, libre de pecado, sino para que pudiéramos, siendo seres humanos, vivir una vida verdaderamente celeste y divina.

Al final, así como en Nazaret eran los hermanos de Jesús, su familia ampliada, y su Sagrada Familia, también en la Iglesia Católica. Mucha gente mire a la Iglesia Católica y ve, en la multitud de los fieles, nada mas que los hermanos de Jesús, que son muy humanos. Por eso dicen, en unión con la gente de Nazaret, ‘Donde aprendió este hombre tantas cosas? … y estaban desconcertados. Sin embargo, escondido dentro de la Iglesia se encuentra ellos que de verdad participan de la vida de la gracia, la vida de la Sagrada Familia de Jesús.

Sin embargo, todavía no hemos dicho la última palabra al respecto de los hermanos de Jesús. Pues por fin, parece que Jesús escogió dos de entre ellos, Santiago y Judas Tadeo, en el numero de sus Apóstoles. También, después de la resurrección los demás vinieron a creer en él. Parece que hasta la mitad del 2º siglo uno entre los parientes de Jesús sirvió como Obispo de Jerusalén.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.