21º Domingo del Tiempo Ordinario

21º Domingo del Tiempo Ordinario

21º Domingo del Tiempo Ordinario
Padre Joseph Levine; 23 de agosto, 2020
Lecturas: Is 22,19-23; Salmo 137,1-3.6.8; Rom 11,33-36; Mt 16,13-20

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.

Los poderes del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia que se edifica sobre la piedra de Pedro, que profesa su fe en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. San Juan, que después de Pentecostés, cuando los Apóstoles fueron llevados al juicio ante el sanedrín y que siempre apoya y complementa a San Pedro, escribió: Todo lo que ha nacido de Dios (esto quiere decir los que viven en la gracia de Dios y por eso son verdaderamente hijos de Dios) vence al mundo (el ‘mundo’ significa los que viven bajo el dominio de satanás), y la victoria que vence al mundo es nuestra fe. ¿Quién ha vencido al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn 5,4-5) La fe victoriosa no es una fe muerte, solamente una fe de palabras, sino una fe que es vivificada por la caridad, una fe que guarda los mandamientos de Dios. (cf. 1 Jn 5,1-3)

Los poderes del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia y la Iglesia, según la enseñanza antigua, es necesaria para la salvación. San Cipriano de Cartago en el 3º siglo parece ser el primero para enunciar la doctrina que de veras es evidente en el nuevo testamento: “No hay salvación fuera de la Iglesia.” (Epístola 73,21, cf. CIC 846) El dijo lo mismo de otra manera en su famoso tratado de la unidad de la Iglesia: “Nadie puede tener a Dios por Padre que no tiene la Iglesia por Madre. Si alguno hubiera escapado (del diluvio) fuera del arca de Noé, entonces admitiríamos que quien abandona la Iglesia puede escapar de la condena.” (De Unitatis 6)

La doctrina no quiere decir que los que pertenecen visiblemente a la Iglesia – como unos políticos bien conocidos – pero niegan la fe de la Iglesia y no comparten la vida de la Iglesia, que es la vida de la gracia y de la caridad – serán salvos. Actualmente, su condenación será mas severa pues al que se la ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas. (Lc 12,48)

El Catecismo afirma la misma doctrina de una manera positiva, diciendo: “Toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo … Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta.”

Sin embargo, el Concilio Vaticano Segundo hizo claro la ‘limite’ que solamente fue implícita en la doctrina antigua. “No podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella.” (Lumen Gentium 14, citado en CIC 846)

Entonces es posible que uno que no sabe de la necesidad de la Iglesia puede salvarse sin entrar la Iglesia, sin embargo, sería un equivoco pensar que en tal caso la salvación fuera probable o fácil. Es tan probable como Sansón matando 1,000 filisteos con una quijada de burro. (cf. Jueces 15,14-15) Los que salvan de esta manera no se salvan por su ignorancia, sino por lo que actualmente comparte de la fe de la Iglesia y la vida de la gracia.

En el Credo profesamos que la Iglesia es “una, santa, católica, y apostólica”; estas se conocen como las cuatro marcas de la Iglesia por las cuales su verdad y autenticidad puede reconocerse en medio de un mundo dividido por el pecado.

Por desgracia, la visibilidad de las marcas ha sido oscurecido en nuestros tiempos por la herejía del modernismo, de que he hablado, y que ahora ha penetrado a los niveles mas altos de la Iglesia.

La herejía modernista es la penetración del espíritu moderno en la vida de la Iglesia Católica. En general, el espíritu del mundo moderno, empezando quizás en el siglo xviii, es que la humanidad ha llegado a su madurez, ha aprendido que Dios o no existe o no tiene importancia para la vida cotidiana, que la religión es nada mas que una reliquia de nuestra niñez supersticiosa, como ‘Santa Claus’, y que ahora, como adultos estamos capaces de pensar y decidir todo por nuestra propia cuenta. Ahora, ponemos nuestra fe en ‘la ciencia’ y cuando ‘la ciencia’ no satisface nuestras necesidades volvimos a todo tipo de las nuevas supersticiones que nos agraden. El modernista católica no sale de la Iglesia, pero en lugar de esto quiere que la Iglesia se conforme al mundo moderno, que se deje gobernar por ‘la ciencia’, que de su bendición a las nuevas supersticiones, que se ponga al servicio de los proyectos del mundo moderno, y que eche fuera todos sus ritos, creencias, y exigencias morales, siendo que son anticuadas – o a al menos que los ofrece como un ‘menú’ de la cafetería.

Jesucristo nació de la virgen María en la plenitud de los tiempos. (Gal 4,4) Esto es ofensivo al mundo moderno, pues el mundo moderno juzga que ahora es la plenitud de los tiempos.

Atrevería decir que al hondo la influencia del modernismo es la razón que la Iglesia ha parecido tan débil en la presencia de la pandemia. Esta debilidad de la Iglesia fue manifestada cuando la celebración publica de la misa paró en casí todo el mundo. Puede parecer a veces que el modernismo muestra que nuestro Señor equivocó y que los poderes del infierno o ya prevalecieron o están casi para prevalecer.

Bueno, nuestro Señor prometió que los poderes del infierno no prevalecerían; no prometió que no lucharon fuertemente contra la Iglesia, al contrario. Tampoco el prometió que no llegarían al punto de casi prevalecer. En el antiguo testamento el imperio asirio, en el tiempo del profeta Isaías, casi prevaleció sobre el reino de Judas y llegando a poner sitio contra la ciudad de Jerusalén solamente fue vencido por una intervención milagrosa por parte de Dios. Esto parece ser la situación actual de la Iglesia; estamos todavía esperando la victoria de Dios.

Como dije, las cuatro marcas o notas de la Iglesia, una, santa, católica, y apostólica, son los signos visibles de su verdad en medio del mundo, pero la divulgación del modernismo ha oscurecido estas marcas. La Iglesia ha sido comparada a la luna. Como la luna recibe su luz del sol y la refleja a la tierra, la Iglesia recibe su luz de Jesucristo, y la refleja al mundo humano. Ahora, parece que la Iglesia, como luna, se convirtió oscura.

Podemos seguir el efecto del modernismo por medio de cada una de las marcas de la Iglesia.

La Iglesia es una porque Jesucristo es uno y porque el Espíritu Santo que vive en las almas de los fieles por la gracia santificante es uno. Sin embargo, esto es una unidad invisible. La Iglesia manifiesta su unidad visible porque profesa una y la misma fe por todo el mundo, porque comparte los mismos sacramentos que comuniquen la vida de la gracia, y porque se gobierna por la misma jerarquía bajo el Papa, el sucesor de San Pedro, que es el principio visible de la unidad de la Iglesia. (cf. CIC 813,815-816)

El modernismo hace que cuando hay dos personas lado al lado recitando el Credo durante la misa, quizás una actualmente crea lo que está diciendo mientras la otra está simplemente recitando palabras sin sentido o con otro sentido. Peor, pueden ser sacerdotes y obispos que usen el lenguaje de la fe, pero vaciado de su sentido tradicional y importando un nuevo sentido que siempre está cambiando. Por consecuencia, varias instituciones que lleven el nombre ‘católica’ no mas sirven la fe que Dios entregó una vez para siempre a sus santos. (Judas 1,3) Al contrario, ellas minan y falsifican esa fe.

La Iglesia es santa porque su cabeza es Jesucristo, el Santo de Dios, y porque ella recibe su vida de él por medio del Espíritu Santo, “el alma del Cuerpo místico de Cristo” (cf. León XIII Divinum Illud; Pio XII Mystici Corporis), y porque ella viva por la vida de la gracia santificante, que se comunica por los signos sagrados de los sacramentos. Esta vida se pone en evidencia por las vidas de los santos, sobre todo en la vida de María, la Virgen Inmaculada, llena de gracia.

Miren, mientras la santidad se encuentra esencialmente en la vida sobrenatural de la caridad, que ama a Dios sobre todas las cosas y a los hombres por amor a Dios, hay una virtud que tenga una conexión especial a la santidad, que puede llamarse ‘el guardián de la santidad’, y esta virtud es la castidad por la cual un hombre incorpora su instinto sexual como parte de su persona entera, sometiéndolo a la regla de la razón y la fe.

¿Por qué es que la castidad es tan necesario para la santidad? Porque en esta materia todos los desordenes voluntarios oscurecen la inteligencia, dan ocasión a falsedades, mentiras, y engaños sin fin, esclavizan al hombre a sus pasiones mas bajas, y lo impide de sujetarse al dominio de Dios.

San Pablo escribió de esto muy fuertemente: ¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y haré de los miembros de Cristo miembros de una prostituta? ¡De ninguna manera! … Eviten la lujuria. Cualquier otro pecado cometido por el hombre queda fuera del cuerpo, pero el lujurioso peca contra su propio cuerpo. ¿O es que no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que han recibido de Dios y que habita en ustedes? Ya no se pertenecen a ustedes mismos, porque han sido comprados ¡y a qué precio!; den pues, gloria a Dios con su cuerpo. (1 Cor 6,15.18-20)

Uno debe también observar que la misma enseñanza aplica también al pecado solitario que es aun mas pervertido porque toma una acción que al mínimo debe conectar con otra persona y la convierte en si mismo de una manera completamente egoísta.

Todas las faltas contra la castidad hacen que sea imposible para una persona glorificar a Dios en su cuerpo porque todas estas faltas son violaciones del temple de Dios, el cuerpo.

Entonces, ¿Qué es la relación entre la falta de castidad y el modernismo? Mientras no todos los que cometen pecados de lujuria son modernistas, el modernismo ha seguido el mundo moderno por rechazar toda la enseñanza de Cristo y su Iglesia al respecto del matrimonio y la sexualidad. Se encuentra en libros que han escrito católicos modernistas cosas tan sucias que no deben repetirlas. Así el modernismo abrió la puerta para la corrupción sexual del sacerdocio católico, pero también de los matrimonios católicos, por medio de la aceptación de la anticoncepción, el divorcio, y las uniones libres.

La castidad, mas que la caridad, es el signo que viene primero y de una manera visible que uno está siguiendo a Cristo y no el camino del mundo. Además, sin la castidad no hay verdadera caridad.

En todos los tiempos y en todos los lugares la santidad de la Iglesia ha resplandecido por causa de la castidad y pureza se sus sacerdotes, sus religiosos, sus casados, sus jóvenes. (cf. Carta a Diogneto) Ahora, en este asunto, los católicos, casados y laicos pueden parecer indistinguibles de los que no creen.

En adición a la profanación del sacerdocio y matrimonio ha sido la profanación de la sagrada liturgia, la pierda de fe en la realidad del sacrificio de la misa, pierda de fe en el misterio de la transustanciación y por consecuencia en la presencia real de Jesús en la sagrada eucaristía, abusos litúrgicos que han sido divulgados largamente, una celebración litúrgica que se convierte muy cotidiana y mundana, cerrada a la luz de la eternidad, la pierda del sentido del sagrado. El Templo de Dios no parece mas como un lugar distinto y consagrado al culto divino por medio de Jesucristo el sumo sacerdote, sino nada mas que una sala de reuniones.

Cuando Jesucristo dijo, Ustedes sean perfectos, como el Padre celestial es perfecto, sus palabras contuvieron una reflexión del mandamiento de Dios en el antiguo testamento, Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (Mt 5,48; Lev 19,2)

Sin la santidad las otras marcas de la Iglesia se convierten vacías y sin sentido.

La palabra ‘católica’ quiere decir ‘universal’. La catolicidad de la Iglesia tiene un sentido duplo.

La Iglesia “es católica porque Cristo está presente en ella. ‘Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica’. En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza (cf Ef 1, 22-23), lo que implica que ella recibe de Él ‘la plenitud de los medios de salvación’ que Él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía.” (CIC 830)

“Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano … Todos los hombres, por tanto, están invitados a esta unidad católica del Pueblo de Dios” (CIC 831,836)

La Iglesia Católica hoy y históricamente ha consistido en hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo, y nación (Ap 5,9; 7,9), de ricos y pobres, nobles y gente común, eruditos y los que no tienen educación, los que habitan en las ciudades y campesinos. Por ser reunidos en la unidad de la Iglesia Católica son todos uno en Jesucristo. Todos comparten la misma vida de la gracia en el Espíritu Santo. (cf. Gal 3,28)

El modernismo efectivamente niega la catolicidad de la Iglesia por proclamar la igualdad de las religiones; la doctrina modernista es que somos todos siguiendo caminos diferentes al mismo lugar. No es mas la Iglesia Católica que se considera ‘universal’ sino la humanidad y las religiones mundiales como un conjunto. Ahora es hinduismo para los hindús; budismo para los budistas; islam para los musulmanes; judaísmo para los judíos; protestantismo para los protestantes, catolicismo para los católicos; vudú para los que lo practican. Se dice que todos son unidos en la practica sincera de su propia religión. Si hay una unidad en Cristo es porque todos lo adoran sin lo saber. Cuanto a la Iglesia Católica, esta no mas parece verdaderamente ‘católica’, pues ahora se trata simplemente como una entre muchas.

Tampoco el modernista piensa que la Iglesia Católica tiene la plenitud de los medios de la salvación. Actualmente es tan pobre a su ver que tiene que tomar su posición como discípula de las demás religiones, incluso a la idolatría de Pachamama o la Madre Tierra. Para modernismo la Iglesia Católica no es la Maestra de todas las naciones, dotada con la autoridad de Cristo mismo, el único Hijo de Dios. (cf. Mt 28,18-20) Por eso no hay razón que una persona deba hacerse católica. La religión es puramente una cuestión de gustos.

Por consecuencia, los misionarios no mas parecen dedicados a proclamar a Cristo a los que no lo conocen o conducir a los hombres a las aguas vivificantes del bautismo. En lugar de esto ellos empeñan proyectos en favor de los pobres, sin predicar a ellos el evangelio.

Al final “La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los apóstoles, y esto en un triple sentido: [1] fue y permanece edificada sobre ‘el fundamento de los Apóstoles’, testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo; [2] guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles; [3] sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, ‘al que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia’.” (CIC 857)

Pero el modernismo niega la validez perene del buen depósito que hemos recibido de los Apóstoles. Para el modernista el criterio del juicio es estar al corriente del mundo moderno. La Iglesia modernista es una Iglesia nueva. Ha sido una ruptura con el pasado, que ha sido rechazado. Un obispo modernista fue ordenado en la sucesión apostólica, pero el no mas está enseñando la doctrina que los apóstoles recibieron de Cristo. La Iglesia apostólica es una Iglesia tradicional, pues la tradición es nuestra conexión con los Apóstoles. Modernismo ha rechazado la Iglesia apostólica porque ha rechazado la sagrada Tradición. Al mismo tiempo la misma sagrada Escritura ha sido sujeta a interpretaciones que están siempre cambiando de acuerdo de lo que se supone como las necesidades del tiempo actual.

Como resultado de todo esto, hoy cuando una persona encuentra la Iglesia Católica, pueden quizás encontrar las formas exteriores de la Iglesia que es una, santa, católica, y apostólica, pero por dentro es bien posible que va a encontrar la confusión, la división, la impureza, y la profanación de una Iglesia moderna que tiene ninguna conexión con los Apóstoles y ninguna universalidad, que a lo mejor puede servir la nueva universalidad del nuevo orden mundial.

Entonces, ¿nuestro Señor equivocó en su promesa? ¿Han prevalecido los poderes del infierno?

De ninguna manera. En lo mismo cuerpo visible de la Iglesia todavía se encuentra la Iglesia que es una, santa, católica, y apostólica. Todavía hay Jesucristo, el Espíritu Santo, la verdad de la fe, la vida de la gracia que se comunica por los sacramentos, y la jerarquía legitima (aunque sea a menudo débil y infiel) bajo el Papa, y todavía hay fieles que están recibiendo la vida de gracia y se santifican por la acción del Espíritu Santo.

No es como si la luna de la Iglesia estaba invisible, pasando por medio de la tierra y el sol, sino que la luna está en eclipse, en que la tierra echa su sombra sobre la luna. Si ha visto un eclipse lunar puede recordar que la luna todavía está visible, pero se oscurece por la sombra de la tierra. Así la Iglesia todavía está reflejando la luz de Cristo, pero la luz ha sido oscurecida por la sombra del modernismo.

Hay un pasaje del evangelio en que Jesús está en la barca durmiendo cuando se levanta una tormenta y las aguas entran en la barca. Los discípulos se llenan de miedo; ellos despiertan a Jesús, quién amonesta al viento y a las olas, y sigue una tranquilidad muy grande del mar. Después el amonesta a los discípulos por causa de su terror y falta de fe. (cf. Mc 4, 35-41) Siempre la barca es la Barca de Pedro que representa la Iglesia Católica.

No hay ninguna salvación fuera de la Iglesia. Por eso la primera regla es no salga de la barca en medio de una tormenta, aunque la barca está llenándose de las aguas del modernismo.

En el siglo 19, San Juan Bosco tuvo un sueño en que contempló la Iglesia no como una barca singular, sino como una armada, de que el buque insignia fue del Papa. La armada fue atacada fuertemente por una armada enemiga en medio de una gran tormenta. La armada enemiga se esforzó para hundir el buque del Papa. Hubo dos columnas en el mar: en cima de una fue una estatua de la Inmaculada Virgen María, con el titulo ‘Auxilio de los Cristianos’ y en cima de la otra y mas solida fue una hostia eucarística y en bajo fue inscrito ‘La Salvación de los que Creen’. Cuando el Papa al final aseguró su buque a las dos columnas, la armada enemiga fue vencida, la tormenta paró, y el mar se convirtió tranquilo.

San Juan Bosco comentó sobre su sueño diciendo que pruebas muy grandes iba venir a la Iglesia. Las pruebas que sus contemporáneos (siglo xix) ya experimentaron fueron como nada en comparación con lo que debía venir. Para pasar por las pruebas dos cosas son necesarios: la devoción a la Virgen y la comunión frecuente.

Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Esto no es algo que vimos, pero son las palabras del Señor, su promesa. Por eso debemos confiar en él. Tenemos hacer un acto de fe en su promesa. En otro de los momentos grandes en la vida de San Pedro el dijo a Jesús – esto fue actualmente con respecto a su enseñanza sobre la sagrada eucaristía – Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. (Jn 6,68)

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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