23º Domingo del Tiempo Ordinario

23º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 6 de septiembre, 2020
Lecturas: Ez 33,7-9; Salmo 94,1-2.6-9; Rom 13,8-10; Mat 18,15-20

Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos; muéstrate bondadoso con tu siervo.

¿Por qué estamos aquí hoy?

No nos reunimos para discutir a los asuntos prácticos, estamos reunidos para concordar en la fe que profesamos. Para esto, debemos creer lo que decimos, según el sentido en que la Iglesia siempre lo ha entendido. Esto también exige que no solamente repetimos las palabras de una manera mecánica, sino que pensamos de lo que estamos diciendo. Cuando nos concordamos en Cristo, Dios nos escuchará nuestra oración.

Estamos aquí para ofrecer el santo sacrificio de la Misa. Esto es la oración de la Iglesia que Dios siempre escucha, porque es la oración de Cristo mismo. Esto es la oración que hace posible el amor que no hace ningún daño a nadie y cumple la ley de Dios.

La Misa es el lugar a donde, unidos por la autoridad del sacerdocio de Cristo, somos mas perfectamente reunidos en el nombre del Señor. Aquí Cristo siempre está presente en su Iglesia. “Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, ‘ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz’; sea sobre todo bajo las especies eucarísticas.” (Vaticano II, SC 7)

Aquí tomamos parte en un acto que verdaderamente es publico por eso podemos hacer una comparación con otros actos públicos que de los últimos meses – los protestos públicos.

¿Qué es un protesto publico? Fundamentalmente es una manera en que un grupo se presenta ante la autoridad publica para insistir en la justicia. “Justicia por nuestra causa” es siempre el grito de quien hace un protesto. Si su grito mismo está actualmente justo es otra cuestión. Al menos el pretende buscar la justicia.

Así, el protesto implícitamente reconoce la legitimidad de la autoridad publica y solamente queja que la autoridad está faltando en su deber fundamental de establecer la justicia.

Es otra cosa cuando los que reúnen públicamente exigen que la misma autoridad publica sea derribada. En esto caso no es mas protesto sino revolución o sedición, incluso si los que hacen la manifestación publica usan medios pacíficos, como Mahatma Gandhi cuando liberó India del gobierno británico.

Cuando nos reunimos para la Misa estamos haciendo algo muy diferente. Participamos en un acto publico en la presencia de la autoridad suprema de todo el universo y el origen de toda autoridad, Dios. Este acto publico también sucede en la presencia de todos los ángeles y santos del cielo. No es un acto publico en los Estados Unidos, sino en el Reino de Dios.

Tampoco nos reunimos para hacer un protesto o gritar por la justicia.

Al contrario, estamos aquí para honorar y proclamar la autoridad suprema de Dios, la Santísima Trinidad, el Creador de todo.

También estamos aquí para dejar la rebelión y sedición del pecado y entregarnos a Dios y pedir su misericordia por nosotros y por el mundo entero.

Estamos aquí para ofrecer sacrificio a Dios, el sacrificio supremo y perfecto, el único sacrificio que a él le da el honor que es debido, el único sacrificio que lo agrade, el sacrificio de su Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Es el sacrificio que justifica a los hombres en la presencia de Dios.

Esto es incomparablemente mejor y mas poderoso que todos los protestos y revoluciones en el mundo. Es lo que es de verás lo mas esencial.

La Misa no es origen de división, sino de la paz, la paz de Cristo. Sin embargo, al mismo tiempo, la Misa va a manifestar toda la paz que es falsa y las divisiones de los que se oponen a Cristo.

Todos los tiranos del mundo, de todos los tipos, en todo el tiempo, tienen miedo de la Misa, porque siempre es un protesto ante el juez supremo de todo contra toda la injusticia humana. (cf. Ez 9,4; Lc 18,1-18) Los poderosos del mundo o van a someterse a Cristo en el santo sacrificio de la Misa, o al final van a tentar suprimir o subvertir la Misa para que sirve sus propios proyectos.

Sin embargo, siendo que este acto publico es un protesto ante Dios contra toda la injusticia humana, esto también quiere decir que si entramos aquí manchados por la injusticia invocamos el juicio contra nosotros mismos.

Además, siendo que este acto pertenece al Reino de Dios, no a los reinos mundanos, no debemos entrar acá con una mentalidad mundana, buscando una Misa que se conforme a nuestros deseos, sino debemos dejar que la Misa misma transforma nuestra manera de pensar.

La Misa no pertenece al mundo del tiempo, sino a la eternidad de Dios; la Misa, entonces, no debe caracterizarse por las modas pasajeras de aquí y ahora, sino debe gobernarse por la luz de la Tradición sagrada que nos une con los santos que vivieron para la eternidad y ahora viven con Dios en la eternidad.

Si uno piensa que la Misa, celebrada justamente, es aburrida, esto es un juicio contra si mismo, no contra la Misa. Si uno viene a la Misa y piensa que no fue lo suficiente para agradarlo y acogerlo es su actitud que debe cambiar. Uno debe venir a la Misa no buscando su propio placer, sino para agradar a Dios.

En las palabras de la Carta a los Hebreos: Ustedes se han acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial con sus innumerables ángeles, a la asamblea en fiesta de los primeros ciudadanos del cielo; a Dios, juez universal, al que rodean los espíritus de los justos que ya alcanzaron su perfección; a Jesús, el mediador de la nueva alianza, llevando la sangre que purifica y que clama a Dios con más fuerza que la sangre de Abel. (Heb 12, 22-24)

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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