24º Domingo de Tiempo Ordinario

24º Domingo de Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 13 de septiembre, 2020
Lecturas: Eclesiástico 27,33-28,9; Salmos 102,1-4.9-12; Rom 14,7-9; Mat 18,21-35

Hoy la 1ª lectura y el evangelio corresponden el uno al otro cuanto a los temas de la ira, rencor, y perdón.

La 1ª lectura nos presenta una imagen fuerte de un tipo particular de la ira: Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo el pecador se aferra a ellas. Aferrarse a la ira corresponde al actitud del servidor en el evangelio que agarró su compañero por el cuello y exigía que pagara su deuda.

El pecador se aferra a su ira; es como la abraza como a una amante.

Es una cosa cuando una persona se enoja por falta de control de si mismo. Esto no es bueno, pero es como una tormenta que pasa. Por ser una pasión la culpa se disminuye, especialmente si la persona es haciendo un esfuerzo sincero para dominar su carácter fuerte. Pero cuando una persona se aferra a su ira, después de la explosión inicial de la pasión esto indica que ahora la ira es voluntaria. Ella quiere quedar enojada. Esta ira voluntaria es verdaderamente un pecado mortal que echa una sombra de ceguera en la mente y impide el perdón.

Entender esto puede ayudarnos entender las dos partes del perdón.

En primer lugar hay al acto de perdón que corresponde al pedid sincero, “Te pido, por favor, perdóneme.” Entonces, la persona que fue lastimada responde, “Te perdono.”

Pero también hay lo que puede llamarse el perdón en la intención, que anticipa y prepara, espera, y reza para la oportunidad de hacer el acto de perdón.

El perdón de intención muestra una actitud contraria al pecador que se aferra a su ira y continuamente vuelva al pensamiento enojado, “El lo hizo a mi.” Esta queja contra el agresor vence todos los demás pensamientos en respecto a él.

Uno trata de aconsejarlo, diciendo que de verás la ofensa no era tan grande, o que el agresor no fue malicioso, solamente descuidado, o que por lo demás realmente no es una persona mala, o que, al final, Jesús quiere que perdonemos, pero nade de esto importa al pecador que se aferra a su ira. El pensamiento, “El lo hizo a mi”, siempre vuelva y echa fuera todos los pensamientos al contrario. La memoria amarga domina su mente y corazón y dirige su comportamiento. Su ira le consume a la persona. La persona abraza la ira como un hombre abraza a su esposa y los dos se hacen una sola carne. Ella casi se convierte en su ira. Así como reduce su enemigo a su ofensa, el reduce a si mismo a su ira. Convirtiéndose en su ira se hace mezquina. Este tipo de ira de verás es una cosa abominable. Qué lastima que personas actualmente se rinden a su ira en esta manera.

Para perdonar en intención es necesario dejar la ira, dejar la queja, dejar el pensamiento, “el lo hizo a mi.” Todavía reconoce la realidad del daño, pero se ve en proporción con toda la vida. Al agresor no se reduce a su ofensa y la persona ofendida no se deja reducir a su herida. Quizás la herida fuera muy grave, pero la visión está mas amplia. La persona está capaz de pensar de las circunstancias que al menos por parte puede disculpar lo culpable. Está abierta a la reconciliación. El pone la prioridad en lo que es bueno y no en su propia herida. Está capaz de orar por el agresor. Al final, si el pedido sincero para el perdón viene, el es capaz de perdonar en verdad.

Esto es lo fundamental, pero quiero decir algo sobre la ira y el perdón en respecto a dos situaciones especiales.

Para la primera situación voy a usar el ejemplo de la mujer abusada, pero no se limite a esta situación. Antes, debo observar que incluso en caso de un matrimonio legitimo el abuso puede justifica la separación, pero no el divorcio. Ahora para hablar al asunto, porque la mujer ha experimentada sentimientos fuertes al respecto de su pareja, porque ella ha ya dedicada tanta tiempo y energía emocional a él, y porque a menudo ella se sienta una obligación cristiana para ‘perdonar’, todo esto sirve para que ella quede en la relación. Al mismo tiempo, el hombre, sabiendo todo esto, lo usa para manipular a la mujer.

Por eso, sobre todo, debemos decir claramente que en este caso la enseñanza del evangelio no puede aplicarse, al menos no literalmente. Pues, aunque usa las palabras, el hombre realmente no vuelve setenta veces para pedir perdón; su pedido siempre es mentiroso; el solamente usa las palabras para manipular a la mujer.

Entonces, cuando la mujer empieza a reconocer la verdad de la situación la cuestión decisiva para ella, al menos si fuera un matrimonio legitimo, será si ella puede establecer en si una libertad interior tan fuerte que pueda quedar en la vida común del matrimonio, quizás por causa de los hijos, suportando todo el abuso – esto es posible – o si ella tiene que poner una distancia física entre si y su hombre para la protección de los hijos y de si mismo.

Solamente cuando la distancia adecuada, sea emocional sea física, se establece, podemos considerar el papel del perdón en esta situación. Por causa el abuso ella va a experimentar la tentación del odio y amargura contra él. Esto no es camino justo, ni para protegerse. Antes, debe aprender practicar el perdón en intención y oración, dejando la queja y amargura en su corazón. Al mismo tiempo, tiene que mostrar una cara dura, podemos decir, contra el hombre, para protegerse, guardando contra su propia debilidad emocional, pues todavía es capaz de sentir, “Pero lo quiero mucho.” Todo esto será aun mas necesario se la relación nunca fue matrimonio legitimo.

Esto es el camino del realismo cristiano. Si, Dios puede obrar milagros de la conversión y la reconciliación, y mientras debemos quedar abiertos a tal posibilidad, no podemos contar con esos milagros. Debemos, con sinceridad reconocer las situaciones en que un cambio solamente vendrá por medio de un milagro extraordinario. No debemos vivir bajo la ilusión que Dios simplemente va a cambiar el corazón de uno que ha mostrado que es mentiroso, abusivo, y manipulador. Esto no sería vida de la fe sino la ingenuidad. Tristemente a veces llega un tiempo en que es necesario sacudir el polvo de los pies. (cf. Mt 10,14)

Por desgracia, este tipo de ingenuidad se convirtió en falta común en la vida publica y social de los cristianos. No fue siempre así, pero en las últimas décadas, si. Viviendo en un mundo de que la fe siempre mas está desapareciendo, los cristianos falsos y superficiales han aprendido como manipular a los cristianos por medio de su obligación a perdonar y los cristianos se han dejado ser manipulado. Incluso, en el ámbito publico obispos y sacerdotes han sido vencidos por estas estrategias manipuladoras.

Cuando estamos capaces de distinguir entre el perdón en intención y el perdón actual, estaremos capaces de hacer un juicio realístico de las circunstancias actuales, sin ceder a las estrategias manipuladoras. Debemos cuidarnos de los lobos que se visten como ovejas.

Otra situación que tengo que mencionar, especialmente en este año de las elecciones, es la intensidad de rencor y odio político que ha envenenado la vida social del país. Sería camino fácil declararse neutral para huir de todo esto, pero realmente no es posible, pues ha sido un tentativo continuo y determinado para eliminar toda la presencia publica de la fe en Jesucristo, no solamente de la política, sino también de los negocios, la educación, y los servicios de la salud. Quizás no queremos la batalla, pero no podemos evitarla.

Miren, cuando un grupo llega como armado para la batalla, mostrando que tiene la intención de combatir, no es muy astuto ir a su encuentro, sin armas, como para una conferencia de paz. Esto sería nada mas que ingenuidad. La ingenuidad puede ser característico atrayente en una persona que no tiene nada de responsabilidad, como un niño, pero junto con la responsabilidad viene también un deber para proteger. La ingenuidad hace que la persona sea ciega a su deber de proteger. Así la ingenuidad se convierte en una falta que debe corregir.

Es necesario aprender combatir en las guerras de la cultura, pero combatir como cristianos. La armas de la guerra cristiana son primero la fe, pa que después la oración, la palabra de Dios en la sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, y al final la razón humana. Sin embargo, al nivel popular de videos, podcasts, eslóganes, y memes, es necesario expresar todo esto por palabras y imágenes efectivas que son justos y equitativos, pero también que uno fácilmente puede captar.

A menudo, en los medios de comunicación social se encuentra mucho rencor, no debemos ceder al rencor, ni al odio y a los ataques personales. La burla puede ser un arma poderosa pero también fácilmente conduce al desprecio y odio. Además, he visto ‘posts’ en Facebook, por católicos serios, con foto de un político bien conocido y en bajo las palabras “mal absoluto”. ¡Atención! Quizás considerando el medio esto es nada mas que un tentativo llamar atención al mal que está obrando por medio de este político, pero no hay ninguno ser humano que se ‘mal absoluto’, ni Pablo Escobar. Y, al final, ¿a quien va a ganar por esto tipo de ataque?

La meta final para un cristiano no es ganar una elección, sino la salvación de las almas, incluso las almas de los adversarios políticos que están oponiéndose a Cristo mismo. El perdón en la intención, el dejar la queja y la herida personales, y la oración por los demás, siempre deben tener primer lugar. Esta actitud interior debe formar nuestras acciones exteriores incluso en medio de combate.

Recuerden la salvación de las almas. Consideren su propia alma. Recuerden el día en que habrán de parecer ante Cristo el Juez supremo y rendirle a él una cuenta de sus pensamientos, palabras, y obras. Recuerden que tienen que rezar, perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Recuerden la alianza, la alianza nueva y eterna en la Sangre de Cristo, derramado por nuestros pecados, renovados sobre el altar en el santo sacrificio de la Misa.

Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muera para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos el Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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