25º Domingo del Tiempo Ordinario

25º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 20 de septiembre, 2020
Lecturas: Is 55:6-9; Salmo 144,2-3,8-9,17-18; Filipenses 1,20-24,27; Mat 20,1-16

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar. Las palabras claramente implican que vendrá un tiempo en que no será mas posible encontrar al Señor. Invóquenlo mientras está cerca. Entonces, quizás vendrá una hora cuando el Señor no estará mas cerca, no estará mas dispuesto a escuchar nuestra voz. La hora puede ser mas cerca que pensamos. A la luz del evangelio de hoy podemos preguntar si por acaso hemos llegado a la última hora del día.

Mientras todavía tenemos la oportunidad debemos tomar el tiempo para orar, para confesarnos, para asistir a la Misa, para adorar a Jesús en el santísimo. La hora puede llegar en que no estamos mas capaces de hacer estas cosas.

Muchas veces lideres católicos tratan de tranquilizar a la gente diciendo que realmente las cosas no están tan malas, porque la humanidad y la Iglesia han pasado por peor y vamos también a pasar por esta crisis. Entretanto debemos hacer lo mejor para continuar con nuestra vida, suportando las inconveniencias, obedeciendo las reglas, confiando en las autoridades. Dios está con nosotros y todo va a salir bien.

Claro que todo va a salir bien, pero faltando contexto y especificación, las palabras no tienen sentido. Sirven solamente para seducir las personas por un sentimiento falso de la seguridad.

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar.

Bueno, no se si actualmente nos encontramos en la última hora de todo, pero la crisis apocalíptica actual, que es únicamente global en su alcance, debe ponernos en la mente de la urgencia de la vida cristiana. No sabemos ni el día ni la hora, pero nuestro Señor nos dijo claramente que debemos vivir como si pudiera llegar en cualquier instante. El dijo: Todavía por un poco más de tiempo estará la luz con ustedes. Caminen mientras tienen luz, no sea que les sorprenda la oscuridad. (Jn 12,35) Y: Vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar. (Jn 9,4)

De verás, cada uno debe estar consciente que la hora de la muerte puede llegar en cualquier instante. Ninguno de nosotros sabe si vivirá para mas un minuto.

Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar.

Solamente podemos encontrar al Señor mientras vivimos en la vida presente. Cuando llegue la hora de la muerte, si una persona todavía no ha encontrado al Señor como Salvador y no ha vivido en su gracia, lo encontrará únicamente como Juez. El juicio estará severo: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí ustedes que hacen el mal! (Mt 7,23) Entonces será echado a las tinieblas de fuera adonde será el llorar y el rechinar de dientes. (cf. Mt 22,13) Será echado en el fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles. (cf. Mt 25,41)

Nadie debe considerarse seguro. Pues San Pablo amonesta a todos: El que crea estar en pie tenga cuidado de no caer. (1 Cor 10,12)

Si uno piensa que es una buena persona el debe considerar su criterio de bondad. ¿El usa el criterio mediocre de ser bueno a los ojos humanos, o el criterio de la bondad en los ojos del Dios tres veces santo? Cada uno puede preguntarse a si mismo: ¿De verás pongo a Dios como el primero en mi vida? ¿De verás dejo que mi pensar sea formado por la palabra de Dios? ¿De verás hago su voluntad en todas las cosas? ¿De verás sigo a Jesucristo en el camino de la Cruz? ¿De verás vivo de su gracia y a la luz de su enseñanza, o antes vivo por mis propias ideas y confiando en mi propio esfuerzo? ¿Quién entre nosotros puede atrever decir con San Pablo, Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia?

En el evangelio de hoy el propietario salió para contratar trabajadores para su viña. El propietario es Cristo mismo. El día puede referirse o al todo el tiempo de la Iglesia, desde el día de Pentecostés hasta la venida de Cristo como Juez; o puede referirse a la vida de las comunidades particulares entre la Iglesia que surgen y caen, como las diócesis antiguas de África del Norte que no mas existen sino como títulos de obispos auxiliares; o puede referirse a la vida de cada uno de nosotros. Y el trabajo en la viña es siempre para la salvación de las almas; esto es la obra del Señor; para este vino; para esto existe su Iglesia.

¿Y los trabajadores?

Puede referirse a los sacerdotes. Así San Gregorio Magno, comentando sobre las palabras del Señor, rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha, escribió: “Miren que el mundo está lleno de sacerdotes, pero en la cosecha de Dios difícilmente puede encontrar un trabajador; pues, aunque hemos recibido el oficio sacerdotal, no cumplimos con sus exigencias.” (San Gregorio Magno, Homilía 17,3)

Sin embargo, cada cristiano, cada alma bautizada, cada uno en su manera, debe ser un trabajador en la viña. Por eso, como es una cosa ser sacerdote y otra cumplir con las exigencias del sacerdocio, así es una cosa ser católico cristiano, pero es otra cumplir con las exigencias de la fe católica.

Como trabajador en la viña, la primera obra que uno debe emprender siempre es la salvación de su propia alma. Esto no es egoísmo; esto es el amor justo de si mismo.

Santa Catalina de Siena, en su “Dialogo de la Divina Providencia” escribe de la enseñanza que recibió de Dios Padre: “Cada uno de ustedes tiene su propia viña, su alma, en que su libre albedrio es constituido como trabajador durante esta vida. Después que esta vida ha pasado, su voluntad no puede trabajar ni para lo bien ni para lo mal; pero mientras viven su voluntad puede cultivar la viña de su alma adonde la he puesto.” Y: “Estos son los trabajadores verdaderos. Ellos cuidan bien de sus almas, arrancando todo amor egoistico, y cultivando su amor en mí. Ellos alimentan y cultivan el crecimiento de la semilla de gracia que recibieron en el santo bautismo. Y mientras cultivan sus propias viñas, también cultivan las de su vecino, pues no pueden hacer el uno sin el otro. Pues bien sabe que todo lo mal como también todo lo bien se hace con respecto a sus vecinos.” De verás, el verdadero servicio al vecino no es nada mas que compartir con él el fruto que proviene de su propia viña.

Por eso, si una persona no está viviendo en la gracia de Dios, compartiendo la vida de Cristo, viviendo como hijo de Dios, esforzándose para crecer en la santidad, deseando la salvación eterna y la visión del rostro de Dios, será trabajador inútil para la salvación de los demás.

Al final hay los que no hacen trabajo en la viña del Señor y por eso muestran que no tengan deseo para el premio de la vida eterna; hay los que trabajan, pero quejan casi continuamente, como se fueran suportando el peso del día y del calor, y por eso no van a aceptar el premio; y hay los que, como los trabajadores de la última hora, son agradecidos por la oportunidad de servir en la viña del Señor y van a contentarse con el don que él les da. Al final esto don de Dios es Dios mismo.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.