29º Domingo del Tiempo Ordinario

29º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 18 de octubre, 2020
Lecturas: Is 45,1.4-6; Salmo 95,1 y 3-5.7-10; 1 Tes 1,1-5; Mt 22,15-21
Hay solamente un poco mas que dos semanas antes las elecciones y todos ya están fatigados de
la política. Muchos quieren simplemente que todo sea terminado y que podemos continuar con
la vida como normal. Sin embargo, hoy la providencia ha puesto para nuestra meditación el
‘evangelio político’: Den, pues, al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
Es evidente que las palabras son verdaderas y justas, pero su sentido no es tan evidente que
pensemos.
En el mundo de hoy uno fácilmente puede interpretar las palabras de Jesús para decir que la
Iglesia y el Estado debe ser totalmente separados, que lo que es de Dios no tiene ninguno
conexión con lo que es de César, que la palabra de Dios no tiene nada de decir de la política,
que el clero debe callar, y que la religión debe quedar como algo puramente privada y personal.
Y todo esto sería contrario a la enseñanza de Jesús.
De verás las palabras hablan de la relación entre la Iglesia y el Estado, porque César representa
toda la autoridad civil y temporal, mientras a la Iglesia, a la Iglesia católica romana, ha sido dado
el cuidado de lo que es de Dios.
Antes de salir de este mundo, Jesús dijo a los Apóstoles: Me ha sido dada toda autoridad en el
Cielo y en la tierra. Vayan pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos
en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les
he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia. (Mt
28,18-20)
Observen primero que la autoridad de Cristo Rey no tiene limites. Mientras el estuvo sobre la
tierra, el hombre Jesucristo no tuvo un reino y incluso se sometió al juicio injusto del
representativo del César, Poncio Pilato. Después que subiera al cielo, el entró en su reino y
ahora él gobierna todo el universo por la plenitud de su autoridad divina.
También podemos observar que él entrega a sus Apóstoles una misión bien determinada junto
con la autoridad para realizar la misión. La misión de la Iglesia es universal en su alcance, pues
extiende a todos los pueblos durante todo el curso de la historia hasta que Cristo venga en el
día del juicio. La misión consiste en conducir a los hombres a la fe en Jesucristo por medio de la
predicación del evangelio, dándoles compartir la vida de la santísima Trinidad por medio del
bautismo, y enseñándoles el camino de la vida que es propia a los hijos de Dios.
Esta autoridad apostólica viene directamente de Cristo Rey, es sujeta a ninguna autoridad
humana, debe dar cuenta solamente a Cristo mismo. Por eso, así que todos son obligados a
creer en Jesucristo, todos son obligados a obedecer la autoridad apostólica.
Por eso, la presencia en el mundo de la autoridad apostólica de la Iglesia hace un desafío fuerte
a la autoridad de César, pues a César le gusta pensar que tiene la autoridad suprema. Por eso
tenemos que pensar bien sobre las implicaciones de las palabras de Jesús para comprender
justamente entre la autoridad de César, esto es de toda autoridad civil, y la autoridad
apostólica que cuida de lo que es de Dios.
Primero, nuestro Señor está contestando una pregunta al respecto del pago de impuestos a
César. Por eso él dijo: Den, pues, al César lo que es de César. Esto no quiere decir que César
tiente derecho a todo nuestro dinero, pero hay mucho simbolismo en la moneda pequeña.
La moneda acuñada por César hace posible que se realiza los cambios económicos de una
manera pacifica por toda una región extensa. Así, la moneda representa la responsabilidad que
César tiene para mantener un orden temporal que es pacifico y que permita así que los cambios
se realicen y que la vida humana florezca. Un César sabio reconocería que los cambios
económicos y la prosperidad que producen no son el propósito de su gobierno, sino un signo
que está gobernando bien.
Siempre hay lo que quejar contra un gobierno, pero cuando falla lo que sucede es la anarquía,
una condición en que el bandolerismo florece con sus carteles y bandas criminales. Se hace
peligroso viajar y salir de la casa durante la noche.
Como un contraste, en este país personas todavía pueden recordar un tiempo en que personas
pudieron salir de la casa sin cerrar la puerta. Esto dice algo del carácter de la gente, que fueron
por la mayor parte honesta, que existía entre el pueblo un nivel básico de la virtud.
El propósito de César debe ser fomentar una población virtuosa, sin la cual la vida humana no
puede florecer. La cuna de la virtud es una sana vida matrimonial y familiar; niños nacido a
padres casados, creados bajo el cuidado vigilante de un padre y una madre que se amen
mutuamente y que amen a sus hijos.
Pero ¿qué son los limites de la autoridad de César? Esto está implícito en la pregunta de Jesús:
¿De quién es esta imagen y esta inscripción? El orden económico regulado por la autoridad de
César está marcado por él. Los impuestos son el costo de entrada para participar en el orden
económico.
Pero podemos modificar un poquito la pregunta de Jesús y por nuestra parte preguntar: “De
quién es la imagen y la inscripción que se encuentra en el alma humana?”
En el alma encontramos la imagen de Dios, la santísima Trinidad, grabada en los poderes
humanos de inteligencia y voluntad, y encontramos la inscripción de Jesucristo, nuestro
Salvador, marcada en las almas de los bautizados. El alma pertenece a Dios y se cuida por la
Iglesia fundada por Cristo.
Para resumir: las palabras que pertenecen a la autoridad de César pertenecen a este mundo
pasajero; las palabras de Dios, que se cuida por la Iglesia, se relacionan a la salvación de las
almas y la vida eterna. Así como las cosas de este mundo deben ser ordenados a la vida eterna,
también las cosas de César deben ser ordenados a las cosas de Dios. También César tiene un
alma que pertenece a Dios; el debe rendir su propia alma a Dios y al menos debe respetar las
almas de los que son sujetos a su autoridad, pues ellas también pertenecen a Dios. Además,
César no es el mediador entre Dios y hombre, Jesucristo lo es. La Iglesia no es sujeta a César
sino a Jesucristo.
Entonces, ¿Qué importa todo esto para las elecciones?
Consideremos la cuestión de la libertad religiosa.
El Concilio Vaticano Segundo en su enseñanza sobre la libertad religiosa introdujo su
comentario por la afirmación que sigue: “La libertad religiosa que exigen los hombres para el
cumplimiento de su obligación de rendir culto a Dios, se refiere a la inmunidad de coacción en
la sociedad civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los
hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo.” (DH 1)
Entonces ¿qué es la doctrina tradicional? Papa Leo XIII declaró en 1885: “La razón natural, que
manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de El dependemos, y
porque, habiendo salido de El, a El hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad
civil. Los hombres no están menos sujetos al poder de Dios cuando viven unidos en sociedad
que cuando viven aislados. La sociedad, por su parte, no está menos obligada que los
particulares a dar gracias a Dios, a quien debe su existencia, su conservación y la innumerable
abundancia de sus bienes. Por esta razón, así como no es lícito a nadie descuidar los propios
deberes para con Dios, el mayor de los cuales es abrazar con el corazón y con las obras la
religión, no la que cada uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e
irrevocables como única y verdadera, de la misma manera los Estados no pueden obrar, sin
incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil,
ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El
Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios
ha querido que se le venere.” (Immortale Dei 3) Esta forma es la religión Católica.
Siendo que los gobiernos seculares del mundo moderno querían separarse totalmente de Dios,
podemos decir que el Concilio efectivamente declaró: “Entonces, si no van a prestar atención a
nuestra autoridad apostólica, al menos deben concedernos la libertad. No solamente a
nosotros, sino también las otras religiones, pues el gobierno no debe presumir entrar en el
ámbito de la consciencia y coaccionar a las personas en contra a sus creencias.”
Ahora antes que votemos resta a nosotros unas preguntas fundamentales. “¿Qué candidato o
qué partido será mas propenso a limitar el ámbito de la libertad religiosa? ¿Qué candidato o
qué partido será mas propenso a limitar, en particular, la libertad que la Iglesia Católica goza de
derecho divino siendo que es la verdadera religión que Dios quiere? ¿Qué candidato o que
partido será mas propenso a entrar en el ámbito de la consciencia y coaccionar a las personas
para hablar y actuar en contra a una consciencia religiosa que es justamente formada?
También podemos preguntar concretamente ¿qué candidato será mas propenso a prohibir a los
católicos la participación en la vida política, económica, y social del país, si no se someten al
nuevo ‘derecho’ que parece superar todos los derechos, el derecho de la igualdad homosexual
y transgénero?
Hoy estas preguntas no están vanas ni sin sentido. Hay un peligro actual y grave que un César
Americano no solamente va a oponerse a la Iglesia de Dios, efectivamente prohibiendo que la
Iglesia enseña lo que ha recibido de Cristo y siempre ha enseñado, pero también efectivamente
nulificando la libertad garantida por nuestra Constitución. “El Congreso na hará una ley que
establece una religión, ni prohibirá el ejercicio libre de la misma.” En nuestra ‘Carta de
Derechos’, la libertad religiosa es la primera, antes de la libertad de hablar y de reunir. Cuando
la primera libertad desaparece las otras también se van y lo que resta es el totalitarismo.
Al final, consideramos mas una vez que el alma bautizada lleva no solamente la imagen de Dios,
la santísima Trinidad, sino también la inscripción de Cristo, nuestro Salvador. Esto quiere decir
que cada uno de nosotros debe cuidar, sobre todo, dar a Dios lo que pertenece a él, incluso al
costo de nuestra propia vida. Esto es lo que mas importa. Si entregamos nuestra alma a Dios,
no tenemos nada a temer. Esto es el sentido del santo sacrificio de la Misa.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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