30º Domingo del Tiempo Ordinario

30º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 25 de octubre, 2020
Lecturas: Ex 22,20-26; Salmo 17,2-4.47.51; 1 Tes 1,5-10; Mt 22,34-40

En el evangelio de hoy Jesús resume toda la ley de Dios por dos mandamientos: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Sería bueno entender la relación entre estos dos mandamientos, que ya se encuentran en el antiguo testamento, en la ley dada a Moisés, y los diez mandamientos, que se encuentre también en la ley de Moíses. Entender esto nos ayudará a recordar y entender tan los diez, como los dos.

Primero quiere clarificar algo que causa confusión: parece ser costumbre para la enseñanza del catecismo en español decir que el primer mandamiento entre los diez es “Amarás a Dios sobre todas las cosas.” Esto está muy parecido con el primer mandamiento entre los dos que Jesús menciona hoy, pero no es el primero entre los diez según la letra de la Biblia. Esto puede hacer las cosas mas fáciles para los niños, pero causa confusión para los adultos. El resultado es que las personas confunden los diez mandamientos con los dos.

Por eso voy a citar los diez mandamientos según la letra de la Biblia. Así el primer entre ellos es: Yo soy el Señor, tu Dios, el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mi. (Ex 20,2-3)

La introducción es importante porque pone los mandamientos en el contexto de la alianza que se funde en la obra salvadora de Dios.

En el antiguo testamento él liberó el pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto, formándolos para ser su propio pueblo. Así los mandamientos parecen como la ley del pueblo de Dios, como se vive en relación con Dios, como uno que comparte la alianza. En el nuevo testamento los mandamientos quedan, pero ahora es Jesucristo, el Hijo de Dios, que es el Señor que ha liberado la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte, formando para si mismo un nuevo pueblo, la Iglesia. Así los mandamientos son como las reglas de la familia de Dios, y nos muestra como vivir nuestra relación con Jesús, compartiendo la nueva y eterna alianza en su sangre.

Ahora consideremos la relación entre los diez mandamientos y los dos del evangelio de hoy. Simplemente los tres primeros de los diez desenvuelven el primer mandamiento de hoy: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Los últimos siete de los diez desenvuelven el segundo mandamiento de hoy: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Los primeros tres son: (1) No tendrás otros dioses fuera de mi (Ex 20,3); (2) No tomarás en vano el nombre del Señor, tu Dios (Ex 20,7); (3) Acuérdate del día del Sábado, para santificarlo (Ex 20,8). Ahora en lugar del sábado, es Domingo, el Día del Señor, y los otros días festivos de la Iglesia.

El primero mandamiento nos muestra la unicidad de Dios y su prioridad absoluta que Dios debe tener sobre todo lo que puede llamarse “dios”, y por eso sí sobre todas las cosas. “Tener otro dios” quiere decir poner algo que no es Dios al igual con Dios mismo, sea en nuestro corazón o en nuestros actos.

El segundo nos muestra la santidad del nombre de Dios, por lo cual lo conocemos y por lo cual nos recordamos de su presencia, su poder absoluto, y su ciencia perfecta. “Tomar en vano el nombre del Señor”, sea por los insultos que se llama blasfemia, sea por un juramento falso, precipitoso, o tonto, no toma en serio el nombre de Dios y olvida prácticamente de su presencia, de su realidad. Muestra una verdadera ignorancia de Dios.

El tercer mandamiento nos muestra la importancia del tiempo dedicado al culto publico de Dios; nos muestra que no podemos ni servir ni honrar a Dios si no dedicamos tiempo a él tan personalmente como en común. Así nuestro ‘sábado’ personal consiste en nuestra oración personal.

La excelencia de Dios sobre todas las creaturas, la santidad de su nombre y de su culto: no puede violar uno de estos en pensamiento, palabra, o obra, y cumplir el mandamiento para amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Al contario debemos reconocer la excelencia suprema de Dios, la realidad de su presencia, y tomar parte en su culto con reverencia, atención, y devoción. Y todo esto debe motivarnos para cumplir los demás mandamientos.

Moisés escribió los diez mandamientos en dos tablas de piedra. (cf. Ex 34,1) Se dice que los tres primeros mandamientos constituyen la primera tabla y los últimos siete la segunda tabla. Ahora pasamos para la segunda tabla que desenvuelva el segundo mandamiento de hoy: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Estos mandamientos son: (4) Honrarás a tu padre y a tu madre; (5) no matarás; (6) no cometerás adulterio; (7) no robarás; (8) no atestiguarás en falso contra tu prójimo; (9) no codiciarás la mujer de su prójimo; (10) no codiciarás nada de lo que pertenece a su prójimo. (Ex 20,12-17)

Sería bueno observar que los protestantes tienen los mismos mandamientos, pero los dividen de una manera diferente. Ellos dividen el primero mandamiento en dos (Yo soy el Señor, tu Dios y No tendrás otros dioses fuera de mi) y cuentan los últimos dos mandamientos como uno.

Ahora continuando con la segunda tabla:

Los primeros “prójimos” que cada uno encuentra en su vida son su padre y su madre de quienes recibió la vida. Por eso el cuarto mandamiento nos enseña el respeto debido a estos primeros prójimos que nos introdujeran en la vida. También está incluido el respeto debido a toda la autoridad legitima, y también la responsabilidad que los que ejercen autoridad tienen para el bien de los que Dios confió a su cuidado. La primera experiencia de la vida humana no es de igualdad sino de la relación a la autoridad de los padres.

El bien más fundamental que recibimos de nuestros padres era la misma vida humana. Por eso el quinto mandamiento es no matarás. El respeto debido a la vida inocente manifiesta el gran valor de la vida humana, la vida de cada uno. Aquí encontramos la igualdad pues todos los seres humanos comparten igualmente de la vida humana y su dignidad fundamental de ser a la imagen de Dios.

Un padre y una madre debe introducir a los niños en el mundo, dándoles vida, por medio de un matrimonio exclusivo y comprometido por toda la vida. Por eso el sexto mandamiento es no cometerás adulterio que protege el bien del matrimonio.

Una familia necesita cosas materiales para su sustento y por eso el séptimo mandamiento es no robarás. Este mandamiento protege el bien de la propiedad privada de cada uno.

La familia es el fundamento de toda la sociedad humana en que no solamente comparte las cosas materiales, sino también conocimientos de todo tipo, que incluyen conocimientos de personas y de cosas practicas. Sin la mutua confianza en el compartimiento del conocimiento y el mutuo estimo entre las personas que es necesario para la confianza una sociedad pacifica no puede existir. Por eso el octavo mandamiento es no atestiguarás en falso contra tu prójimo. Este mandamiento protege el bien de la verdad en la sociedad humana.

Estos mandamientos todos miren a los actos exteriores de los hombres. Pero no es suficiente evitar los actos malos, pues los actos malos brotan de deseos malos. Por eso los últimos dos mandamientos prohíben los malos deseos que son principales y mas comunes, los deseos lujuriosos y los deseos codiciosos.

Para resumir: Los mandamientos de la segunda tabla protegen los bienes de paternidad y autoridad que se encuentra a la raíz de la vida humana, el bien de la vida misma, el bien del matrimonio, el bien de la propiedad privada, el bien de la verdad, y también refrenan los deseos malos.

Claramente violar uno de estos mandamientos serían violar el mandamiento de amar a tu prójimo como a ti mismo. Como son enunciados los mandamientos ponen un limite para el amor; pasar el limite sería contrario al amor, lastimando al prójimo y a la sociedad humana.

Aunque los mandamientos según la letra sean muy limitadas, considerando los bienes que los mandamientos protegen, los mandamientos muestran también el camino de lo bien. Uno debe vivir el amor al prójimo haciendo las cosas que respetan la autoridad, protegen y fomentan la vida, protegen y fomentan el matrimonio, guardan y aumentan la prosperidad general, comunican la verdad, y ayudan para refrenar los deseos malos. Haciendo estas cosas uno amará a su prójimo no solamente en afecto y palabra, sino también en obra.

Al final, puedo concluir observando que Jesucristo mismo, junto con su Padre y el Espíritu Santo, es el Dios que debemos amar con todo el corazón, toda el alma, y toda la mente; debemos recordar que todo lo que hacemos a nuestro prójimo él cuento como hecho a si mismo. (cf. Mt 25,40.45) Además, el nos da el ejemplo de amor dando su vida por nosotros en la Cruz y en la sagrada Eucaristía, y el nos da la fuerza para amar por medio de los sacramentos y el don del Espíritu Santo.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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