32º Domingo del Tiempo Ordinario

32º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 8 de noviembre, 2020
Lecturas: Sab 6,12-16; Salmo 62,2-9; 1 Tes 4,13-18; Mat 25,1-13

El Domingo pasado, que fue el Día de Todos los Santos, hablé del deseo para ver el rostro de Dios, un deseo que debe ser lo principal en nuestra vida – al menos si queremos arribar en el cielo, pues la esencia del cielo es ver a Dios cara a cara, es la visión beatifica.

Hoy el tema del deseo para Dios se continua y se intensifica. En el salmo respondemos: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Esto fue amplificado en el salmo mismo: Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca, agostada, sin agua.

Podemos también conectar este deseo al evangelio de hoy, la parábola de los vírgenes previsoras y descuidadas. El aceite es el deseo para Dios, el ansia para ver a su rostro. Todas las vírgenes empezaron con el aceite de santo deseo. Quizás unas tuvieron mas, otras menos, pero una vez todas lo tuvieron, como diez niños haciendo su primera comunión. Pasando el tiempo las descuidadas dejaron que su aceite se agotó, mientras las previsoras guardaron una reserva en sus frascos. No es suficiente desear ver a Dios una vez, el santo deseo debe alimentarse y crecer, de otra manera se agotará.

Entonces, permita que primero digo algo del deseo de las descuidadas.

Imaginen si uno pregunta a otro, “¿Quiere ir para ver el Serie Mundial de Béisbol?” El otro respondió, “Sí.” Después el primero le preguntó a él, “Entonces, “¿Va a ir?” El otro respondió, “No. Es difícil demás lograr un billete y si fuera posible sería demasiado caro.” Bueno, podemos ver que este hombre tiene un deseo para ver el Serie Mundial en persona, pero no es una prioridad en su vida; él no quiere tomar los pasos necesarios para realizar su deseo.

El Serie Mundial no es tan importante; ni la felicidad ni la bienaventuranza depende de ver el Serie Mundial. Sin embargo, esto deseo débil puede compararse con el deseo para Dios que tienen las vírgenes descuidadas. Este deseo es un insulto a Dios. Sería como decir: “Si, querría ir a cielo para estar con Dios, por es demasiado exigente el camino; tengo cosas mejores para hacer.” De verás esto es una actitud de blasfemia que merece la condenación eterna.

Sin embargo, hay otro tipo de deseo que no es la fantasía de las descuidadas ni el deseo ardiente de las previsoras.

Ahora imaginen un hombre que va manejando a otra ciudad para una boda. En el camino él ve una cartela de propaganda que habla de una atracción, quizás un museo, que fue de su agrado. El piensa en si mismo, “Me gustaría ver esto. No va a demorar mucho tiempo. Voy a salir aquí para verlo.” Toma mas tiempo que anticipó, pero recordando la boda el acortó su visita. Sin embargo, después de poco tiempo él ve una cartela para un restaurante. El piensa, “Buen idea. Necesito almorzar antes la boda.” Mas una vez el sale del camino. Podemos ver que mientras este señor quiere ir a la boda, se deja fácilmente distraer de su propósito. ¿Será que va a llegar a la hora para la boda?

La manera en que Dios trata con las personas que se distraen del camino al cielo se llama ‘purgatorio’. Después de llegar al fin del camino y salir de esta vida, en lugar de entrar directamente en la boda celestial, primero ellos tienen que pasar un tiempo en un tipo de reformatorio donde se aprende enfocar y prestar atención a Dios. Quizás tendremos pasar por allá. En todo caso debemos ayudar las almas en purgatorio con nuestras oraciones. Si lo hacemos quizás uno también va a orar por nosotros cuando salgamos de esta vida.

Ahora queremos dirigir nuestra atención a las previsoras. No es suficiente tener un deseo para Dios, es necesario un deseo que es efectivo y que no va a distraerse. También debemos alimentar nuestro deseo para Dios. Esto es como vamos a guardar un ‘frasco de aceite’ junto con nuestra lámpara.

Debemos alimentar el aceite de santo deseo por medio de la oración, del conocimiento, y de la practica.

La oración no debe ser en primer lugar una cuestión de pedir cosas de Dios, pero debe ser un esfuerzo de nuestra parte para acercarnos a él, conocer a él, conocer su voluntad. Debemos querer pasar tiempo con Dios. Debemos buscar conformarnos a Dios en lugar que conformar a Dios a nuestro deseo.

También debemos aprender de Dios por medio de estudio. Debemos estudiar tan de la palabra de Dios como de todas las fuentes que nos conducirán al fondo de la tradición católica y por eso ayudarnos a entender la palabra de Dios.

Debemos recordar la enseñanza de Jesús que el sabio, que edifica su casa sobre roca es aquel que escucha a su palabra y la pone en práctica. Y Santiago nos dice: Pongan, pues, en práctica la palabra y no se contenten con oírla, engañándose a ustedes mismos. Pues el que la oye y no la cumple se parece al hombre que contempla su rostro en un espejo, y después de haberse mirado, se va olvidándose en seguida como era. (Sant 1,22-24) Si lo que aprendemos en la oración y el estudio no entra en nuestras acciones tampoco va a formar nuestra alma y queda tan fugaz como la imagen en el espejo.

Pero poner en práctica la palabra de Dios no es solamente cuestión de actuar; cuando actuamos bajo el impulso de la gracia de Dios también vamos a conocer a Dios mejor.

Jesús una vez dijo: Mi enseñanza no procede di mí, sino de aquél que me envió. El que está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá experimentar si mi enseñanza viene de Dios o si yo hablo por mi cuenta. (Jn 7,16-17) Lo mas que nuestra voluntad se conforme a la voluntad de Dios tan en acción como en pensamiento, lo mas nos hacemos semejantes a Dios, y por eso seremos mas capaces de conocer a Dios y reconocer lo que viene de Dios. Por eso en la 1ª lectura de hoy fue dicho de la sabiduría, Con facilidad la contemplan quienes la aman y ella se deja encontrar por quienes la buscan y se anticipa a darse a conocer a los que la desean. También Jesús dijo, El que acepta mis mandamientos y los pone en práctica, ese me ama de verdad. … Yo lo amaré y me manifestaré a él. (Jn 14,21)

El deseo para Dios, si sea verdadero, nos conduce a la oración, al estudio, y a la acción, y todos se juntan para aumentar nuestro conocimiento de Dios, que nos hace que lo amamos aun mas, hasta que el deseo se encuentra su cumplimiento en la visión beatifica. Esto es el sentido de las palabras de la sabiduría: Los que me comen tendrán más hambre, los que me beben, tendrán mas sed. Lo mas que nuestro deseo crece, lo mas que nuestra capacidad par Dios va a crecer y lo más que seremos llenados por la visión de su rostro.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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