3º Domingo del Tiempo Ordinario

3º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 24 de enero, 2021
Lecturas: Jon 3,1-5.10; Salmo 24,4-9; 1 Cor 7,29-31; Mc 1,14-20

Dentro de cuarenta días Nínive será destruida. Esto fue el mensaje de Jonás. Él no lo querría predicarlo. Él trató de huir de Dios por tomar un barco para andar en la dirección contraria de Nínive, pero Dios mandó una tormenta y los marineros tuvieron que tirar a Jonás al mar. Un gran pez lo tragó y el quedó tres días en el vientre del pez y después el pez lo vomitó de nuevo sobre la tierra. Entonces Jonás pensó que ahora debería obedecer a Dios.

Jonás no quería predicar el mensaje de la destrucción y tampoco quiero yo predicar de la destrucción. Sin embargo, mi razón es un poco diferente de la de Jonás.

Jonás no quería predicar porque sabía que la población de Nínive creyera, arrepintiera, y que Dios les mostrara la misericordia, salvándolos de la destrucción. Por eso él parecería un insensato o mentiroso, pues Nínive no se destruyera. Aun peor, Jonás era un israelita mientras Nínive fue el capital de Asiria, un enemigo que a amenazara Israel por la destrucción. Antes Jonás quería que Nínive se destruyera.

Cuanto a mí, no quiero predicar de la destrucción porque la gente va a pensar que sea yo un fanático, y no van a prestar atención, tampoco van a arrepentir.

Sea como fuera, todo esto no importa mucho. Lo que importa es que el predicador predica la palabra de Dios. Hoy la palabra de Dios nos dice: La vida es corta …este mundo que vemos es pasajero.

Esto es siempre la verdad de la vida de este mundo. Cada uno de nosotros es destinado a morir un día, un día que acerca siempre mas con cada minuto que pasa. Y el mundo entero se destina al día de juicio, cuando Jesús vendrá en la gloria de su Padre. El mundo en su forma actual no va a continuar para siempre y su fin (o su transformación) será ni el resultado de un proceso natural ni el resultado del esfuerzo humano, sino vendrá por la intervención de Dios.

Jesús nos dice que debemos arrepentirnos y creer en el evangelio; esto quiere decir que debemos cambiar toda nuestra manera de pensar y actuar para servir el reino de Dios.

El reino de Dios es lo que va a sobrevivir este mundo pasajero. Jesús dijo: Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán. (Mt 24,35) Lo que sobrevive este mundo pasajero es la vida de la gracia por la cual venimos a compartir la misma vida y naturaleza de Dios y así hacernos de verdad sus hijos en Jesucristo. En el mundo que ha de venir la gracia se convertirá en la visión del rostro de Dios y será completado por la resurrección del cuerpo. Esto será la plenitud del reino de Dios, la Jerusalén celestial, cuando Dios será todo en todos. (1 Cor 15 ,28)

El mundo está pasando, pero hay tiempos en que la verdad fácilmente escapa de nuestra conciencia y hay momentos en que se impone casi por la violencia, como se impuso en los ninivitas en el tiempo de Jonás.

En estos tiempos hacemos lo bien en prestar atención. Dios está tratando de despertar nos del sueño.
Simbólicamente, Nínive represente el mundo que combate contra Dios; representa también cualquier que sea el reino o nación del mundo porque todos tienen una duración limitada y llegaron a su término; sobre todo representa cualquier que sea el reino o nación que se convierte contra Dios.

El mensaje de Jonás puede aplicarse al mundo de hoy, al mundo entero. Pues el mundo entero se encuentra en medio de una crisis de tal proporción que pudiera indicar que de verás hemos llegado a los últimos tiempos. Si no es el mismo apocalipsis es como un ensayo general.

El mensaje de Jonás pudiera aplicarse aun mas a los Estados Unidos de hoy, una nación poderosa en el mundo de hoy, como Nínive en su tiempo. Podemos decir claramente que la ira de Dios pesa mucho sobre este país.

Tan la Biblia como nuestra tradición habla de los cuatro pecados que gritan al cielo para la venganza: el homicidio, la sodomía, la opresión de la viuda y huérfano, y la injustica para con el salariado. (cf. Gen 4,10; Gen 18,20-21; Ex 22,21-23; Dt 24,14-15, CIC 1867) A estos cuatro puede también añadir la opresión del pueblo de Dios. (cf. Ex 3,7-10)

Es una cosa cuando una persona individual, como Caín, es culpable de uno de estos pecados. Es algo mucho mas grave cuando toda una sociedad, como Sodoma, incorpora el pecado en su propia estructura. Ahora los Estados Unidos parece así.

El aborto procurado, el homicidio perpetrado contra el bebe en el seno de su madre, ha sido institucionalizado como ‘un derecho constitucional’ desde 22 de enero, 1973. Desde entonces al menos 60,000,000 de bebes ha sido asesinados legalmente en este país.

También el Corte Supremo de los Estados Unidos ha institucionalizado la sodomía en una decisión de 26 de junio, 2015, que reconoció un ‘derecho constitucional’ a ‘matrimonios’ entre miembros del mismo sexo. También la ideología del transgénero está bien avanzada en el camino hacia la institucionalización.

Las viudas van siendo oprimidas por una cultura que deshonra a los papas y después les abandona a asilos que pueden ser como una trampa mortal. Y en lugar de proteger a los huérfanos, la sociedad los produce por una cultura de divorcio que los priva los niños de sus padres. Cuanto al asalariado en primer lugar es privado de su trabajo y después en lugar de recibir salario debido, reciba una limosna de la generosidad de un gobierno, que no produce nada de valor, pero va imprimiendo el dinero, como se fuera papel higiénico, y esto causa que todo el dinero pierde su valor y por eso también el trabajo que merece el salario.

Además, uno que profesa y trata de vivir de una manera que acuerda a cualquier que sea la forma de cristiandad tradicional siempre mas es marginalizado y excluido de nuestra sociedad inclusiva. Ahora somos nosotros los que se juzgan como llenos de odio, de sedición, capaces de radicalizarse y hacernos terroristas – solamente porque creemos en Jesucristo.

Esto ya ha sido el camino que nuestra sociedad está siguiendo, pero ahora bajo un nuevo presidente, mientras tiene una apariencia falsa de ser católico fiel, y es aprobado por obispos que se asemejan a Judas Iscariote, él está prometiendo acelerar y avanzarnos según el mismo camino.

Entonces, ¿qué debemos hacer?

La mentalidad americana, que se enseña a sus hijos, quiere un programa de acción que va a corregir los problemas que existen afuera en el mundo. La mentalidad americana quiere un programa de acción política, pero la corrupción es tan profunda, divulgada, y enraizada que la acción política no puede hacer nada. La mentalidad americana llama a las personas para protestas, pero el camino de protesta sea de la izquierda o de la derecha se ha mostrado impotente, sino como instrumento de manipulación en las manos de los poderosos. La mentalidad americana busca establecer organizaciones en las comunidades locales para enfrentar problemas particulares (sea la pobreza, el racismo, el abuso domestico, la pornografía, o incluso el aborto) cambiando el mundo persona por persona. Unos de estas organizaciones son buenos, unos sobrepasan la localidad en su alcance; sin embargo, nunca suceden en parar o atrasar la dirección para bajo que sigue la cultura.

Jesús tiene una solución muy diferente: arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Ningún programa de acción hará mucho para el bien, sobre todo en el contexto de la grandeza de la corrupción y del mal que está dominando nuestro país, si no es concebido, dirigido, y llevado a cabo por personas que en primer lugar han escuchado la llamada a la penitencia que viene de Jesús y por eso han cambiado las prioridades que dirigen su vida bajo la primacía del reino de Dios, y así van siguiendo a Jesús, buscando la verdadera santidad. Solamente los santos son capaces de transformar la sociedad humana. El alimento de la santidad es el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la sagrada Eucaristía, primero ofrecida en sacrificio después dada a nosotros en la sagrada comunión.

Durante el curso de siglo pasado varias personas han propuesto soluciones diferentes a los problemas del mundo, y todo esto no vale nada. También la Virgen de Fátima ha propuesto su plan para la paz, pero nadie la toma en serio. Ella nos amonestó como Jonás amonestó a los ninivitas: “No deben ofender más a nuestro Señor, ya es ofendido demasiado.” (13 de octubre, 1917)

La Virgen de Fátima nos ha dado cuatro puntos para la acción practica, todos enraizados en la llamada de Jesús para el arrepentimiento y para seguirlo en el camino hacia la santidad y la vida eterna. (13 de julio, 1917)

1. Ofrecer los sufrimientos cotidianos que Dios permite en su vida para la conversión de los pecadores. Pues la Virgen dijo: “Hagan sacrificios por los pecadores, y digan seguido, especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.
2. Rezar el Rosario diariamente. Pues la Virgen dijo: “Decir el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo … porque sólo ella puede obtenerlo.”
3. Consagrarse al Corazón Inmaculado de María. Pues la Virgen dijo: “Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón.”
4. Hacer la comunión de reparación de los primeros sábados. Pues la Virgen dijo: “Vengo al mundo para pedir que Rusia sea consagrada a mi Inmaculado Corazón, y pido que los primeros sábados de cada mes se hagan comuniones en reparación por todos los pecados del mundo.”

Sin embargo, incluso esto plan para la paz no va a valer nada si no nos arrepentimos y conformamos nuestra vida al evangelio, siguiendo a Jesús en el camino de la santidad, amando a Dios sobre todas las cosas y buscando amar a nuestro próximo como a nosotros mismos. El amor cristiano no es un amor a una humanidad abstracta y remota, sino es amor a nuestro próximo. Debemos empezar cumpliendo nuestro deber para con el varón o mujer que Dios ha puesto en nuestro camino, sea esposo o esposa, hijo o hija, padre o madre, amigo o desconocido, simpático o grosero, santo o pecador. Dios quiere salvarlos todos, si quieren, y llevarlos al cielo.

Todo esto parece poco y despreciable a los ojos de los hombres, pero a los ojos de Dios es algo grande; su poder actúa por nuestra debilidad.

Share

Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

Recent Sermons