4º Domingo del Tiempo Ordinario

4º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 31 de enero, 2021
Lecturas: Dt 18,15-20; Salmo 94,1-2.6-9; 1 Cor 7,32-35; Mc 1,21-28

¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros?

Actualmente la respuesta a la pregunta del demonio es ‘si’. San Juan en su 1ª carta escribió: Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. (1 Jn 3,8)

Los evangelios realmente no tienen sentido si el diablo no existe. La existencia del diablo está mas evidente en el fenómeno de la posesión y Jesús expulsó a los diablos de los poseídos. Esta obra de Jesús continua hasta hoy en la Iglesia.

En nuestros tiempos, en que la fe se va disminuyendo, la posesión demoniaca va aumentando. Sin embargo, es todavía algo raro. Las manifestaciones extraordinarias de las posesiones nos otorgan una representación dramática del desorden mas común de una vida del pecado. La actividad normal del diablo procede por medio de la tentación al pecado, que se prepara por las ideas falsas y engañosas. Todas las bendiciones del mundo, todas las oraciones, todas las medallas, las estatuas del niño Jesús y de la Virgen, las cenizas del miércoles de cenizas, las palmas del domingo de ramos, no valen nada para proteger contra el diablo si uno no quiere arrepentir de sus pecados y cambiar la vida.

Para oponer la actividad normal del diablo, para estar seguro de su malicia, lo mas importante es simplemente vivir la fe en Jesucristo, vivir en la gracia de Dios, vivir una vida de oración, confesarse regularmente, comulgar frecuentemente con fe y devoción, y consagrarse a la Virgen Inmaculada a quien fue dada aplastar la cabeza de la serpiente. También debemos vivir bajo la protección de San José, Terror de los demonios.

Aunque debemos guardar las proporciones debidas y siempre recordar que la victoria pertenece a Cristo, un conocimiento del diablo tiene su importancia. Esto no ayudará evitar las supersticiones.

El diablo fue creado por Dios. Por eso el no puede hacer nada sin el permiso de Dios y Dios lo permita para probar nuestra fe. (cf. 1 Pe 5,6-11) El diablo no puede sobrepasar nuestro libre albedrio, pero por desgracia somos capaces de entregarnos a su poder.

Es curioso que hablamos del diablo (singular) y los demonios (plural). Parece que su naturaleza jerárquica es tan fuerte que a pesar de su odio mutuo, queden unidos en su subordinación a su jefe, Satanás. (cf. Mt 12,25-26)

Pero ¿cómo es posible que una creatura de Dios puede ser tan lleno del odio y malicia?

En el inicio de la creación cuando Dios creó el mundo espiritual, los seres espirituales, los ángeles, inteligencias esplendidas, llenas de luz, ellos fueron dados, podemos decir, ver los planos de construcción. Nosotros aprendemos de Dios y su plan de la obra realizada y la revelación que Dios nos hace por medio de su obra. Los ángeles empiezan con el plan y son testigos y colaboradores (o adversarios) en la obra.

El plan divino tiene dos elementos fundamentales: la ‘naturaleza’ y la ‘sobre-naturaleza’ o el orden de la gracia. Por su naturaleza los ángeles tienen conocimiento del plan de la naturaleza creada, pero solamente pueden saber de la sobre-naturaleza por una revelación especial de Dios. Esto quiere decir que ningún ángel puede saber, por su naturaleza, el misterio de la santísima Trinidad, ni del plan de Dios para introducir tan los hombres como los ángeles en la vida y la visión de la santísima Trinidad por medio del don de la gracia de Dios.

Empezando aquí podemos vislumbrar un poco la misteriosa prueba de los ángeles que sucedió cuando los tiempos empezaron. Se puede encontrar ecos de esta prueba en la sagrada Escritura. También durante el curso de los siglos la Tradición sagrada ha desenvuelto unos conocimientos mas claros.

Podemos decir que fue como esto: Dios creó a los ángeles en su gracia, pero les reveló a ellos tan el don de la gracia y su finalidad – la visión de la santísima Trinidad – por medio de una visión profética de su Hijo, hecho hombre, nacido de una mujer, y Dios mandó a los ángeles que deberían adorar a su Hijo. Así leemos en la carta a los hebreos: Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: ‘Que lo adoren todos los ángeles de Dios.’ (Heb 1,6)

Esto, creo, nos otorga la llave que abre el entendimiento de la prueba de los ángeles. El misterio de la santísima Trinidad y la finalidad de la gracia, la visión de Dios todos les fue revelado a los ángeles por medio de una visión del hombre, Jesucristo. Los ángeles recibieron el conocimiento que el Hijo de Dios se haría hombre, pero no aprendieron que esto sería para reparar el pecado de Ádan. Semejante a nosotros ellos tuvieron que creer que este hombre que vendría era de verás el Hijo de Dos, igual al Padre y de la misma naturaleza del Padre. Fueron mandado a adorar este hombre porque era Dios.

Cuanto a nosotros, estamos capaces de dudar que la revelación viene de Dios; esto no fue posible para los ángeles. Ellos bien sabían de la existencia de Dios; bien sabían de su dependencia completa de Dios; bien sabían la veracidad de Dios; bien sabían que esto fue revelado y mandado por Dios. Fue su voluntad de someterse a Dios que fue puesta a la prueba.

Podemos imaginarlo así. Un ángel brillante, muy alto en la jerarquía, conocido por el nombre de ‘Lucifer’, aquél que lleva la luz, gritó en protesta: “¡Esto es una injuria a nuestra dignidad tan noble! ¡Qué osadía! Dios que nos dio nuestra naturaleza noble nos manda a bajarnos a la tierra para adorar este gusano ‘hombre’. ¡Nacido de una mujer! ¡Qué broma cruel! Lo rechazo. No voy a servir.” (cf. Jer 2,20)

En esto mismo momento, Lucifer perdió la gracia de Dios y se hizo ‘Satanás’, el adversario. Muchos entre los ángeles inferiores lo siguieron en orden jerárquica. (cf. Ap 12,3-4) Por causa de la claridad del conocimiento angélico su decisión fue decisiva. No son capaces de arrepentimiento ni de la salvación.
Entretanto ondas de choque por causa de la blasfemia se difundieron entre las jerarquías angélicas hasta que el grito de batalla vino de un arcángel humilde: “¡Mi-Ca-El!” – que quiere decir, “¿Quién es como Dios?” Al grito de San Miguel el orden celeste fue restaurado y Satanás y sus seguidores, los demonios, fueron expulsados del cielo. (cf. Ap 12,7-9) Los santos ángeles fueron confirmados en la gracia y entraron en la visión de la santísima Trinidad.

Desde entonces los demonios, que no pueden hacer nada directamente contra Dios mismo, han perseguido a la humanidad, que fue la causa de su queda, con una malicia que no muere. Al contrario, los santos ángeles, quienes siempre contemplan el rostro del Padre celestial, (cf. Mt 18,10), han aceptado el papel de espíritus de servicio, enviados par lo bien de los que recibirán la salvación. (cf. Heb 1,14)

Los demonios, que no tienen cuerpo propio, tienen odio para el cuerpo humano. Como fueron ofendidos por la unión de la persona divina del Hijo de Dios con una creatura corporal, el hombre, también son ofendidos por la unión del espíritu y materia en la misma naturaleza humana. Tienen odio especial para el nacimiento humano, la maternidad, y las mujeres que son capaces de dar a luz. Odian el sexo en cuanto es ordenado hacia la procreación, pero se alegran en seducir a los hombres, conduciéndolos a las perversiones sexuales que o ponen el placer en cima de la procreación y incluso separan totalmente el sexo de la procreación. Su odio a la maternidad es tan grande que mientras les duele mucho cuando son obligados a reconocer y confesar que Jesucristo el Hijo de Dios, les duele mucho mas cuando son obligados a dar honor a su Madre, la Virgen santísima.

Su odio para la Virgen y para la maternidad es también la razón que cuando Adán y Eva aparecieron en Edén, Satanás trató a engañar a Eva – y lo hizo con éxito – para tentar a Adán por medio de ella.

Debemos prestar bien atención a las palabras que la serpiente habló a Eva: No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman del árbol, se les abrirán a ustedes los ojos; entonces serán como dioses y conocerán lo que es bueno y lo que es malo. (Gen 3,4)

Satanás acusó a Dios de ser mentiroso, porque Dios dijo que por cierto si comieran ellos del árbol morirían. Además, Satanás atribuyó al mandamiento de Dios un motivo escondido, insinúando que Dios estaba tratando de impedir que Adán y Eva lograron un bien muy grande, como si ellos se convirtiesen en sus rivales por alcanzar tal bien. Satanás, el adversario de Dios, sugiere a Eva que Dios es el adversario del bien humano. Según la mentira satánica el bien humano consiste en la libertad absoluta de escoger para si mismo el bien o el mal, según su agrado. Satanás se presente como el bienhechor y maestro del ser humano, mostrándolo el camino de libertad del tirano, Dios.

El veneno de la mentira de Satanás ha entrado profundamente en la corriente de la vida humana y hace que sea difícil para los hombres confíen en Dios, sobretodo por causa de toda la maldad y injusticia que los hombres infligen el uno en el otro. La tentación se convierte grande y a veces casi irresistible echar la culpa en Dios por la maldad perpetrada por los hombres.

Sin embargo, luego después de su primera victoria sobre Adán y Eva, Dios recordó a Satanás de su derrota en el futuro.

Dios dijo a Satanás: Por haber hecho esto, maldita seas. Esto es la única verdadera maldición pronunciada por Dios; los demonios son incapaces de arrepentimiento y para siempre son excluidos de las bendiciones de Dios. Te arrastrarás sobre tu vientre. Esto quiere decir que Satanás que, tomando su posición sobre la noble dignidad de su propia naturaleza, rebeló contra Dios, tiene que bajarse ante el hombre, compelido por su propia malicia, para tentarlo, halagándolo y mostrándose como si fuera el servidor humilde del hombre. Comerás tierra por todos los días de su vida. Satanás no quería postrarse ante el Hijo de Dios y como consecuencia en lugar de festejar la visión del rostro de Dios, el tiene que comer la tierra que desprecia, esto es los seres humanos que ha seducido al pecado y hecho esclavos de su naturaleza mortal, destinados a convertirse en el polvo de la tierra.
(Gen 3,14)

Después viene el golpe mortal: Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tu herirás su talón. (Gen 3, 15)

Satanás todavía no comprendía el pleno sentido de estas palabras. No lo entendería hasta que el hombre Jesús, con su naturaleza humana que fue el humilde talón del Hijo de Dios, murió en la Cruz, mientras su Madre, la Virgen Inmaculada, la Mujer, quedó a su lado, compartiendo su dolor, su ofrenda, su sacrificio. Solamente entonces Satanás reconoció que fue vencido y que nunca tuvo y nunca tendría cualquier parte en la Mujer, la Virgen María, que fue su enemigo mortal. En el momento de su victoria aparente, cuando Cristo murió en la Cruz, el diablo descubrió que fue vencido. El perdió su dominio sobre el genero humano.

Pero hoy en día no lo parece así. Hoy en día parece que el diablo está victorioso en toda parte mientras las personas dicen, “Y ¿Dios? ¿A dónde está?” ¿Qué ha sucedido?

Jesús nos amonestó que cuando un demonio se expulsa de un hombre el anda por el desierto, encuentra siete demonios aun peores que si y volviendo encuentra la casa desocupada, barrida y ordenada, entre de nuevo, toma posesión, y la condición final de ese hombre es peor que la primera. (cf. Mt 12,43-45) Esto parece ser la condición del hombre del siglo 21º.

El diablo ha conseguido entrar incluso el nuevo paraíso, la Iglesia, siguiendo el mismo camino de tentación por la cual venció a Eva.

San Pablo ya habló de esta realidad en su 2ª carta a los corintios. El escribió:
Estoy celoso de ustedes, y son celos de Dios, pues los he ofrecido a Cristo como una joven virgen a la que yo he desposado con el único esposo. Y mi temor es que la serpiente que sedujo a Eva con astucia, podría también pervertirles la mente a ustedes, para que dejen de ser sinceros con Cristo. Ahora vienen a predicarles a otro Jesús, no como se lo predicamos, les proponen un espíritu diferente del que recibieron, y un evangelio diferente del que abrazaron. ¡Y lo aceptan sin dificultad! … En realidad son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de apóstoles de Cristo. Y no hay que maravillarse, pues si Satanás se disfraza de ángel de luz, no es mucho que sus servidores se disfracen también de servidores del bien. Pero su fin será el que se merecen sus obras. (2 Cor 11,2-4.13-15)

Durante el curso de la historia todas las herejías, que corrompen las mentes de los fieles y los conducen paso por paso de la devoción sincera a Cristo y paso por paso para la esclavitud del pecado, han entrado en la Iglesia por medio de estos apóstoles falsos y engañosos, a menudo obispos y sacerdotes. Esto sucede por la falta de la vigilancia por parte de las autoridades mas altas en la Iglesia. Durante los últimos 60 años mas o menos esta falta de vigilancia se ha convertido endémica. Esto es por causa de una decisión especifica – diría equivocada – en los niveles mas altos de la Iglesia, para enfocar en promover la verdad sin condenar la falsedad.

He hablado de la herejía del modernismo. Esto quiere decir la idea que la Iglesia debe conformarse a los errores modernos en lugar de llamar a los hombres del mundo moderno al arrepentimiento. El mensaje del modernismo se semeja al mensaje de la serpiente en el jardín: la ley de Dios está opresiva; ustedes deben echar su yugo y decidir por si mismo que es justo. Antiguamente el clero y los maestros de la Iglesia tuvieron que tomar un juramento contra el modernismo. Esta exigencia fue abandonada en 1967.

Jesús nos dijo que pudiéramos reconocer los profetas falsos por sus frutos. (cf. Mt 7,20)

En los años de 1960 los frutos malos pudieron ser menos evidentes, pero ahora tenemos los frutos podridos y envenenados en abundancia, tan dentro como fuera de la Iglesia. De verás diría que la corrupción y desorden dentro de la Iglesia es la causa de la corrupción y desorden fuera de la Iglesia. Si la sal se ha convertido insípida ¿qué sucederá a la comida?

Si hay un presidente católico que va a la misa y comulga, mientras está promoviendo el aborto y el transgénero, esto es porque él ya ha encontrado la aprobación y apoyo en unas comunidades católicas ya hace muchos años.

El diablo no mas se esconde, pero esto es bueno. Jesucristo, que es el verdadero Señor y Gobernador de todo, primero expone las obras malas a la luz antes de destruirlas. Como el venció al diablo de su Cruz, cuando el diablo pensó que triunfara, también ahora Jesús lleva a nosotros la victoria en el momento en que parecemos vencidos.

El dijo a sus apóstoles y nos dice lo mismo hoy: En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo. (Jn 16,20)

El Apocalipsis nos habla de un tiempo en que todas las naciones de la tierra, engañados por Satanás va a atacar el campamiento de los santos, la Ciudad muy amada. Por causa del Corazón Inmaculada de María esta ciudad está muy amada por Dios. Parecería que los fieles no tienen chance contra los enemigos poderosos, pero bajó fuego del cielo y los devoró. (Ap 20,7-10) Después viene el juico y el cielo nuevo y la tierra nueva.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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