5º Domingo del Tiempo Ordinario

5º Domingo del Tiempo Ordinario

Padre Joseph Levine; 7 de febrero, 2021
Lecturas: Jb 7,1-4.6-7; Salmo 146,1-6; 1 Cor 9,16-19.22-23; Mc 1,29-39

Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. (1 Jn 3,8)

El domingo pasado el evangelio nos contó la expulsión de un demonio por Jesús. Hoy oímos un resumen del ministerio de Jesús: (Él) recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

La palabra que Jesús predica, el evangelio, la palabra de la verdad, la verdad mas alta, es importantísimo en su obra de deshacer las obras del diablo, el padre de las mentiras. (cf. Jn 8,44)

El domingo pasado hablé de una decisión equivocada, hecha en los niveles mas altos de la Iglesia, para promover la verdad, sin condenar el error. Puede parecer una buena idea pues ¿no debe ser suficiente la luz del evangelio para disipar los errores?

Bueno, todo el mundo sabe que 2 y 2 iguala a 4, pero la maravilla es que tanta gente puede encontrar 2 a su mano derecha (por así decir) y 2 a su izquierda sin pensar de juntarlos para llegar a 4. Esto quiere decir que mucha gente necesita ayuda para pasar de una verdad mas evidente a una verdad menos evidente y para aplicar una regla general a una situación particular.

También he maravillado a la capacidad humana de mantener dos ideas contradictorias en la mente, sin percibir la contradicción. A menudo oigo a alguien elogiar el mensaje de un predicador y después elogiar el mensaje de otro predicador sin percibir que los mensajes de los dos predicadores se contradijeron el uno al otro.

No es solamente que la gente vive sin percibir las ideas contradictorias que tienen, pero también no perciben la contradicción entre sus ideas y creencias y su vida.

Todo esto nos muestra que una simple proclamación de la verdad no es suficiente; es necesario también condenar el error a la luz de la verdad. Es necesario entra en los detalles y consecuencias.

Así Jesús no enseñó simplemente, ámense el uno al otro (cf. Jn 13,34), y nada mas, pero también condenó los desordenes de la ira, la lujuria, la mentira, y la venganza. (cf. Mt 5,21-30.33-42) Él mandó el perdón y prohibió el divorcio. (cf. Mt 5,21-32; 6,14; 18,21-34; 19.1-9) Él enseñó que las acciones exteriores no valen, por si mismo, sin una intención justa del corazón. Él nos enseñó a examinar nuestros motivos para vivir en la presencia del Padre que ve el secreto de nuestro corazón. (cf. Mt 6,1-24) Él quiere que dejemos los deseos de las cosas terrenas para poner nuestro corazón en la alegría del cielo. (cf. Mt 6,19-21; Jn 4,6-26; 67,22-29) Él nos enseña que no es suficiente buscar el bien, pues también uno tiene que renunciarse a si mismo. (cf. Mt 16,24-26) Él nos amonesta a cuidar para no nos dejemos engañar por los profetas y cristos falsos. (Mc 13,21-23) Él nos enseña que no es suficiente creer en Dios, pues también tenemos creer en él, el Hijo de Dios, el camino, la verdad, y la vida, quien nos alimenta con su propio Cuerpo y Sangre. (cf. Mt 11,25-27; Jn 5,23; 6,29.51-58; 14,1.6-7; 15,24) También el nos enseña del Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo y nos conduce a toda la verdad, recordándonos de todo lo que Jesús hizo y enseñó. (cf. Jn 14,26; 15,26; 16,13-15)

El resto de nuevo testamento y el desenvolvimiento de la Tradición de la Iglesia, bajo la dirección del Espíritu Santo, han hecho mas explicito la enseñanza de Jesús, entrando mas detalladamente en la doctrina de la fe y las reglas de la moral y, al mismo tiempo, exponiendo, rechazando, y condenando los errores.

Hoy será bueno hablar de unos de los errores comunes de nuestro tiempo, errores que en primer lugar minan la fe en Jesucristo. Pues si uno no crea de verdad en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre y nacido de la Virgen María, no tendrá un motivo para poner en practica su enseñanza y seguir su manera de vivir. Si uno no tiene ansia para el cumplimiento de la promesa de Jesús de la vida eterna, que consiste en la visión de la santísima Trinidad, va a falsificar la enseñanza de Jesús, tratando de ponerlo al servicio de un propósito mundano.

Actualmente, diría que la pierda de la fe en la realidad de la vida eterna y la realidad también de la condenación eterna, se encuentra a la raíz de muchos de los errores de nuestros tiempos.

Por lo general, las personas parecen pensar que o todo termina con la muerte o que después de la muerte todos entran en un tipo de felicidad espiritual que satisfecha los deseos de placer y amistad mundana, esto quiere decir van a reunirse con sus queridos. Dios mismo no hace parte de esta felicidad. Esta esperanza tampoco importa para la vida actual (con excepción de ofrecer consuelo en el luto) porque no tenemos que hacer nada para realizarla. Con respecto a esta visión de la vida eterna el pecado pierde su gravedad.

Todo esto es muy distante de la promesa de Jesús de la visión del rostro de Dios y la resurrección del cuerpo, dones que superan por mucho todo que pudiéramos justamente anticipar o esperar si Dios no lo nos reveló y prometió a los que creen en Jesucristo y siguen su manera de vivir. La promesa de Jesús también viene con la amonestación que los que rechazan la invitación a las nupcias divinas o vienen sin la preparación debida van a sufrir la condenación eterna. (cf. Mt 22,1-14; 25,1-46)

Cuando la realidad y deseo del cielo y la vida eterna desaparece de la consciencia humana, todo empieza a enfocar en la vida actual y el mundo pasajero.

Y ¿cómo es que las personas juzgan de los valores de este mundo?

Hay dos criterios fundamentales que se usan, uno que es publico y el otro privado, ‘la ciencia’ y ‘la experiencia personal’. En practica los dos criterios acaban por cerrar acceso a la luz que viene de la palabra de Dios.

La ciencia, como se usa la palabra hoy en día, es un método para investigar los aspectos de la realidad que pueden percibir por los sentidos, medirse, y manipularse. No puede decir nada de lo bien y lo mal.

La ciencia es algo bueno, dentro de sus limites, pero no se reconoce sus limites, antes se enaltece como la autoridad suprema de la razón, la verdad, y la realidad objetiva. Además, lo que se considera como la verdad científica es nada mas que un misterioso acuerdo entre una mayoría de ‘científicos’. Pero la historia ha mostrado que muchas veces el que tiene razón es un científico único que fue rechazado por los demás. Además, la verdad científica no es estable. Antes la teoría de hoy se rechaza mañana. Sin embargo, a menudo escuchamos que debemos ‘seguir a la ciencia’ o ‘creer en ciencia’.

Creer en ciencia y seguir a la ciencia ha tomado el lugar de creer en Cristo y seguir a Cristo.

Miren, porque la ciencia solamente puede considerar el mundo material no tiene nada de decir ni de lo bien y lo mal ni de Dios. Por consecuencia, cuando la ciencia se eleva como el criterio absoluto de la verdad, por definición Dios es excluido y también un moral que vale para todos.

Esto nos deja al ámbito de la ‘experiencia personal’ que es el ámbito del sentir y no del pensar. Las personas todavía creen en Dios, pero ahora esto se considera solamente una cuestión de su experiencia personal, su sentimiento. También las personas continúan juzgar sobre lo bien y lo mal pero otra vez esto es solamente cuestión de su experiencia personal, su sentimiento. La experiencia y el sentimiento de una persona se limite a su vida singular en su tiempo y lugar y no es lo mismo para todos. Hay grupos que compartan un tipo de sentimiento, pero hay otros grupos que descuerdan. Ellos no tienen nada para decir el uno al otro. Las opiniones de un grupo sobre Dios y el moral no importan a otro grupo que siente algo diferente. Tampoco hay una realidad común que puede servir como base de una dialogo.

He hablado de la herejía del modernismo: para el modernismo hay dos autoridades, la autoridad publica de la ciencia y la autoridad privada de mi propio sentimiento y experiencia. Por eso el modernista declara que la Iglesia debe cambiar: la Iglesia debe someterse no a la autoridad de la palabra de Dios, sino a la autoridad de la ciencia y al mismo tiempo debe acomodar la autoridad de la experiencia de cada uno.

El gran supuesto que nunca se pone en cuestión es que la ciencia nos otorga el único conocimiento seguro de la realidad que es disponible a todos.

Miren la inteligencia es precisamente nuestra capacidad de captar la realidad, es como nuestra ventana a la realidad, y este acceso a la realidad se presupone a la fe. Mientras la ciencia puede ayudar enfocar en aspectos determinados de la realidad, nuestra inteligencia, nuestra mente, no depende de la ciencia para captar la realidad. Por eso también nuestra fe no depende de la ciencia y tampoco necesita su aprobación.

Miren todos aquí bien saben que no es posible que una cosa existe y no existe al mismo tiempo y en la misma manera. Un perro es un perro y no es un gato y algo no puede ser perro y gato al mismo tiempo. Aquí se encuentra nuestro entendimiento mas fundamental de la realidad. Esto no se sabe por la ciencia. Tampoco es cuestión de sentimiento. Sin esta verdad fundamental no podemos entender nada, la conversación no tiene sentido, y la ciencia misma sería imposible.
Actualmente tenemos conocimiento de muchas cosas sin la ciencia. No somos limitados a la experiencia o sentimiento, también tenemos conocimientos y estos hace que seamos capaces también de aprender del conocimiento y experiencia de los demás, incluso personas que vivieron en otros tiempos y otros lugares.

Por eso somos capaces de escuchar y entender la enseñanza de Jesucristo. Somos capaces de creer en Jesucristo no solamente por causa de nuestra experiencia personal, sino porque reconocemos que él es digno de confianza y veraz, aunque su persona y enseñanza, al final, supera nuestra inteligencia como el sol supera nuestros ojos.

Con tal que vivimos en un mundo de error y ilusión dominados por los criterios de ciencia y sentimiento fácilmente vamos a caer en los engaños del diablo. Solamente cuando creemos en Jesucristo porque es de verdad y en la realidad el Hijo de Dios que nos enseña la verdad, seremos abiertos para que él también deshace las obras del diablo en nuestra vida.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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