Ascensión del Señor

Ascensión del Señor

Padre Joseph Levine; 16 de mayo, 2021
Lecturas: Hechos 1,1-11; Salmo 46,2-3.6-9; Ef 4,1-13; Mc 16,15-20

Después que el Señor subió al cielo y los ángeles desaparecieron, podemos imaginar a los Apóstoles mirando uno al otro. ¿Qué pensaron?

Ellos una vez perdieron al Señor cuando él murió en la Cruz, pero esta vez era diferente.

Cuando Jesús murió en la Cruz, todas sus esperanzas fueron destrozadas y ellos se sintieron desolados y abandonados. Ellos todavía no comprendieron que Jesús iba resucitar de entre los muertos.

Cuando Jesús apartó para el cielo, esto fue después de su resurrección y después de pasar 40 días entre ellos, dándoles numerosas pruebas a los Apóstoles que de veras estuvo vivo, y enseñando y instruyéndoles del Reino de Dios y la misión de la Iglesia. Ellos no pudieron mas dudar de la realidad de lo que experimentaron, pero fue tan maravillosa que podría al mismo tiempo parecer como si fueran despertándose de un sueño. Pues durante tres años de la vida terrestre de Jesús y los 40 días de su vida resucitada, ellos vivieron diariamente en la presencia de Dios de una manera muy extraordinaria.

Cuando ellos vieron al hombre Jesús restaurando la vista a un ciego, pacificando una tormenta, multiplicando los panes y pescados, resucitando los muertos, estos no fueron los acontecimientos de la vida común. Mucho menos cuando pasaron tiempo en la presencia de un hombre vivo que ya vieron crucificado, muerto y sepultado. En todo esto, ellos experimentaron, de una manera muy extraordinaria, la luz de Dios como si fuera entrando por una explosión en el mundo que fue oscurecido por el pecado y sus consecuencias.

Después de su partida al cielo los once Apóstoles se encontraron solos; luego el numero sería mas una vez doce después que San Matías fue nombrado para tomar el lugar de Judas Iscariote. Sin embargo, Jesús no estaba mas presente entre ellos visiblemente. Ahora sería necesario para ellos dar testimonio a la realidad estupenda que oyeron con sus propios oídos, vieron con sus propios ojos, miraron y tocaron con las manos, la realidad de la vida, la vida verdadera, la vida eterna, la vida que Dios dio a los hombres en Jesucristo. (cf. 1 Jn 1,1-2)

Jesús se quitó de su vista, pero hubo prometido no dejarlos solos; hubo prometido enviarlos el Espíritu Santo para darles a ellos el poder de cumplir su misión de dar testimonio a él. También les confió su presencia escondida en la Sagrada Eucaristía.

Esto fue ya hace 2,000 años. Ahora, ¿que actualmente es el resultado de la obra de Jesús? ¿Hoy que resta de la misión de los Apóstoles?

La Iglesia visible en la tierra y los santos en el cielo.

A partir de los doce Apóstoles, la Iglesia ha actualmente crecido, extendiéndose de Jerusalén a los rincones de la tierra. Además los que han recibido el mensaje de los Apóstoles, que han puesto su fe en Jesucristo, que han conformado su vida a la misma fe, estos también, según la medida de su fe, participan de la unión de la fe, han crecido en el conocimiento del Hijo de Dios, van logrando la verdadera perfección de su humanidad, pues en ellos se reproducen la imagen de Jesucristo. Así a partir de la predicación de los Apóstoles la Iglesia ha crecido en extensión tan numéricamente como territorialmente, pero también dentro de la Iglesia ha sido la experiencia del crecimiento para la hondura sin limite del reino interior de la gracia. Esta vida de la gracia ha logrado su plenitud en los santos en el cielo.

Después de 2,000 años la Iglesia todavía existe, mientras Cristo reina a la derecha del Padre. Los milagros continúan hasta hoy en día, pero después de los milagros de la Iglesia primitiva, la Iglesia misma es el gran milagro por la cual se confirma la verdad del evangelio.

Entonces, ¿qué realmente existe después de 2,000 años?

Hoy existe el cuerpo visible de la Iglesia que tiene su estructura de diócesis y parroquias y que extiende hasta los rincones de la tierra. Este cuerpo visible de la Iglesia proclama esencialmente la misma doctrina como siempre, una doctrina que se resume hoy en el Catecismo de la Iglesia Católica. La Iglesia también tiene su registro de los santos de todos los tiempos desde el inicio, en todos los lugares donde la Iglesia ha sido presente, de todas las condiciones de la vida y trabajo, de todo nivel de la educación; sin duda también hoy hay santos que viven entre nosotros. La Iglesia continua a celebrar los mismos siete sacramentos que ha recibido de Cristo. Ella se gobierna por la misma jerarquía de obispos bajo el Papa, que toma su origen de los Apóstoles y tienen una existencia continua desde la etapa de ellos.

Si una vez pudiéramos dejar que este hecho muy simple de la Iglesia penetrara nuestra alma lo reconoceríamos por el milagro que es. Sin embargo, es difícil reconocer el milagro porque en todos los niveles y en cada aspecto parece que los mismos cimientos de la Iglesia están temblando.

Fuera del cuerpo visible de la una Iglesia Católica existen otros que vindican para si mismo el nombre de cristiano, desde las Iglesias Ortodoxas, que son las mas cercanas en la fe y en la estructura a la Iglesia Católica, hasta las sectas raras y curiosas que no tienen mas en común, sino que usan el nombre de Cristo, pero difícilmente pueden reconocer entre ellos la realidad que corresponde al nombre.

Dentro de la Iglesia, la doctrina tradicional de la fe y moral ha sido largamente disputado y rechazado. Recientemente en Alemania en unas 100 iglesias católicas, sacerdotes dieron bendiciones publicas a uniones homosexuales, echando así un desafío en la cara del Vaticano y contradiciendo la enseñanza perenne de la Iglesia. Hay varios obispos que han dado su aprobación a estas bendiciones sacrílegas y muchos católicos en el mundo entero que las han celebrado. Sin embargo, la enseñanza queda clara porque es lo que ha sido siempre y en toda parte.

A menudo, en lugar de vidas santas, hemos experimentados los escándalos del abuso sexual y corrupción financiera entre la misma jerarquía. Incluso ha sido sacerdotes (y otros) que la gente pensara que fueron santos vivos, pero que fueron descubiertos por se charlatanes. Sin embargo, la realidad de la santidad queda la misma como siempre.

Los mismos sacramentos, incluso la Eucaristía, han sido largamente abusado y profanado por celebraciones faltando en la reverencia y incluso sacrílegas. Parece que muchos católicos no mas creen que el santísimo es de veras el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Sin embargo, restan muchos que participan de los sacramentos con fe y devoción.

Además, con siempre mas frecuencia los mismos obispos se encuentran divididos entre si. Van diciendo cosas que se contradicen el uno al otro y de vez en cuando directamente contradicen un hermano entre el episcopado. Sin embargo, la enseñanza de la Iglesia está clara, porque la enseñanza de la Iglesia es lo que siempre ha sido, si un obispo lo cree o no.

Para decir la verdad, la situación de la Iglesia ahora está muy fea. Sin embargo, la Iglesia durante el curso de los siglos ha pasado ya muchas pruebas muy graves.

Fue un tiempo en el 4º siglo en que casi todos los obispos católicos sometieron a las amenazas del Imperador Romano para aceptar un credo de la herejía arriana, esto quiere decir una negación que Jesucristo era verdaderamente el Hijo de Dios, nacido del Padre ante la creación del mundo, por quien todo fue hecho. Los pocos obispos fieles, como San Atanasio y San Hilario, fueron exilados.

Después en el 10º siglo el papado se convirtió en un juguete corrupto, un premio en la lucha por el poder entre las familias nobles de Roma. La única cosa que disminuyó lo malo de la situación era que, en lugar de la comunicación instantánea de nuestra etapa, junto con video en vivo, Roma tuvo poca comunicación con el resto del mundo cristiano.

Hubo el gran cisma occidental, que duró de 1378 hasta 1417, en que la Iglesia se dividió entre dos hombres que vindicaron para si el titulo del Papa, uno en Roma otro en Aviñón. Cada Papa tuvo sus seguidores y fueron reyes y príncipes siguiendo cada uno de los dos y también santos. Por un tiempo fue un tercero que fue reconocido como un Papa.

La Iglesia también sobrevivió la confusión de la revolución protestante del 16º siglo y la revolución francesa y la era napoleónica entre 1789 y 1815.

La Iglesia ha pasado por todas estas pruebas y mas. Entretanto la Iglesia ha sido testigo de la queda del imperio Romano, de los reinos de cristiandad, de los imperios islámicos, del imperio antiguo de china. La Iglesia ha visto el nacimiento de las naciones modernas; quizás está vendo su queda.

De la derecha del Padre, Cristo reina sobre su Iglesia, pero su gloria todavía no se ha manifestado. Esto solamente sucederá cuando venga el juicio final. La Ascensión de Cristo es también la promesa que vendrá y manifestará su gloria a todos.

Oímos en la 1ª lectura que los Apóstoles preguntaron si Jesús iba restaurar la soberanía a Israel, pero él les dijo que no les tocara saber esto. El Catecismo de la Iglesia Católica refiere a este momento:

“Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel que, según los profetas, debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio, pero es también un tiempo marcado todavía por la ‘tribulación’ y la prueba del mal que afecta también a la Iglesia e inaugura los combates de los últimos días. Es un tiempo de espera y de vigilia.” (CIC 672)

Desde la Ascensión de Cristo ha sido un tiempo de ‘tribulación’, una prueba del mal que afecta también la Iglesia. Es un tiempo de espera y de vigilia, que introduce la gran prueba de los últimos días.

De vez en cuando, Dios hace una muestra extraordinaria de su poder, pero por la mayoría del tiempo el nos pone a la prueba. Es como si él estuviera diciéndonos: “Ustedes han recibido mi palabra; han recibido los sacramentos; han recibido el don del Espíritu Santo; saben lo que deben hacer. ¿Serán fieles? ¿Serán fieles aun cuando no estoy visiblemente presente? ¿Serán fieles aun cuando no hago una muestra de mi poder? ¿Serán fieles, aunque parezca que estoy ausente? ¿Mostrarán su amor por su fidelidad?”

Siempre hay una prueba fundamental que tenemos que enfrentar en esta vida, pero ahora es bien posible que estamos entrando en la gran prueba de los últimos días. De veras, ahora podemos discernir una lucha muy grande que está manifestándose en el mundo.

Por un lado, podemos ver la tentativa de establecer un imperio que será global, como antes nunca ha existido, un imperio edificado sin Dios, un imperio que tratará de tomar de Dios el control del mundo, un imperio que pondrá el hombre en lugar de Dios. Esto ya está manifestándose y puede ser que esto es el reino del Anticristo que está en preparación.

Y ¿por el otro lado? ¿La Iglesia? Ella parece débil y dividida. Muchos en la Iglesia, incluso de posición alta en la jerarquía, parecen ya dispuestos para aceptar este nuevo imperio, este nuevo orden mundial, este ‘gran reinicio.’

El profeta Amos una vez recibió una visión del juicio divino que estaba amenazando a Israel y pidió a Dios, diciendo: Perdona a Jacob, Señor Dios, te lo suplico; ¿Cómo podría resistir siendo tan pequeño? (Amos 7,2.5) Bien podemos poner la pregunta hoy en día vendo la debilidad de la Iglesia ante los poderosos del mundo de hoy.

Sin embargo, la misión de la Iglesia es siempre lo mismo: Prediquen el evangelio. Serán mis testigos. Debemos dar testimonio no solamente a los rincones de la tierra, sino también hasta los finales del tiempo. Debemos dar testimonio a Jesucristo que está sentado a la derecha del Padre y que vendrá para juzgar a los vivos y los muertos. Debemos dar testimonio a la realidad celeste que debe gobernar la vida humana en la tierra, a partir de nuestra vida. Debemos dar testimonio a la esperanza de la vida eterna. Debemos dar testimonio por el poder del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, que todavía viva en la Iglesia y la sustenta. Debemos dar testimonio a la realidad de la gracia de Dios. Debemos dar testimonio en primer lugar por dejar que Jesús transforme nuestra vida por la obra de su Espíritu Santo. Debemos dar testimonio por la vigilia u espera en la oración, fieles hasta el fin.

Aquél que vive en nosotros es mas fuerte que el espíritu maligno que está actuando en el mundo. La eternidad es mas fuerte que el tiempo.

“Que la gracia venga; que este mundo pase.” (Dídaque 10,6)

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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