Domingo de la Divina Misericordia

Domingo de la Divina Misericordia

Padre Joseph Levine; 11 de abril, 2021
Lecturas: Hechos 4,32-35; Salmo 117,2-4.15-16.22-24; 1 Jn 5,1-6; Jn 20,19-31

Nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo.

Esto no es una fe cual quiere que sea, sino es nuestra fe católica que cree que Jesucristo es de verdad el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, crucificado y resucitado de entre los muertos, sentado a la derecha del Padre, de donde ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos. Esta fe nos abre a la vida de la gracia que recibimos en el bautismo, la vida de los que de verdad son hijos de Dios porque Dios los engendró a la vida de la gracia y ellos lo aman y guardan sus mandamientos.

Esta fe vence al mundo del pecado, el mundo de una sociedad humana que, rechazando escuchar y creer en Jesucristo, trata de poner en la vida humana un orden falso, basado en una mentira. Por eso, inevitablemente, a pesar de las mejores intenciones, la vida humana se cae en corrupción y pecado. La vida del mundo efectivamente niega a Jesucristo y junto con él la realidad sobrenatural de la gracia y la vida eterna.

La fe vence al mundo no por tomar control sobre la vida política de las naciones, sino porque reniegue aceptar o vivir según las mentiras del mundo. La fe vence al mundo por ser fiel a Jesucristo, al punto que un hombre entrega su propia vida en el mundo antes que niegue a Cristo sea en palabra sea en obra.

La fe nos introduce en otro mundo, otro reino, el reino de Dios. Aunque el reino de Dios está presente visiblemente en este mundo por medio de la Iglesia Católica, el supera y transciende este mundo y alcanza su plenitud y perfección en el mundo que ha de venir, en la nueva y eternal Jerusalén.

Los que pertenecen al reino de Dios, no solamente por pertenecer corporalmente a la Iglesia, sino por la vida de la gracia en el Espíritu Santo, tienen un solo corazón y una sola alma en Cristo. Tienen un alma por causa de su fe común en Jesucristo que forma su pensar, su actuar, y su deseo; tiene un solo corazón porque han puesto su esperanza en la vida eterna y buscan sobre todo hacer la voluntad de Dios.

Este mundo, por su parte, ama la propaganda de la unidad. Para este mundo uno de los pecados mas grandes es el pecado de ‘división’. Sin embargo, con la excepción de eslóganes sin sentido de corrección política, el mundo nunca habla claramente de lo que debe unirnos. Antes los gritos en favor de la unidad no pasan de ser propaganda de manipulación que piden que nos sometamos ciegamente a los que se dicen ‘autoridades’ o ‘expertos’, o actualmente los que de sus escondrijos en las tinieblas están dirigiendo las cosas.

El salmista los describe: El malvado dice con arrogancia: ‘Dios no me va a pedir cuentas’. … su boca está llena de maldiciones, fraudes y engaños, en su lengua sólo hay insulto y maldad. (Salmo 10[9],4.7) Pero él disfrace su insulto y maldad. Pues el salmista continua: Se pone al acecho junto a los poblados, para matar a escondidas al inocente, sus ojos espían al indefenso; está al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al humilde; lo atrapa y lo arrastra en su red. (Salmos 10[9],8-9)

Claramente nada de esto, incluso cuando se encuentra dentro de la Iglesia, que por desgracia sucede a menudo, pertenece al tener un corazón y un alma en la Tradición que nos viene a nosotros de los Apóstoles de Jesucristo.

Sin embargo, como he dicho, en nuestros tiempos la vida visible de la Iglesia que se una, santa, católica, y apostólica, ha sido herida por la herejía del modernismo.

El modernismo, en los lugares en que domina, toma posesión de las instituciones visibles de la Iglesia y las usa para servir los proyectos de este mundo, mientras retiene algo de la apariencia y lenguaje de la fe, sino vaciado de su contenido. Es posible encontrar parroquias en que en nombre de ‘la diversidad y inclusión’ el arco-iris de LGBT ha remplazado la Cruz de Cristo.

Hoy es el Domingo de la Divina Misericordia, pero el modernismo también hace que la misericordia de Dios sea vacía de su contenido ¿Quién va a necesitar la misericordia de Dios cuando no hay pecado? ¿Qué necesidad de la misericordia de Dios cuando no hay vida eterna? La misericordia se separa de su relación con Dios y se reduce a nada mas que un propósito de reconciliación y sanación humana, una paz mundana.

Ahora, el ser humano no está mas buscando la misericordia de Dios. Antes parece que el dios modernista está buscando nuestra misericordia. Hoy en día la gente quiere que Dios bata en la puerta y pide humildemente para ser admitido, aceptando las condiciones de ellos. Nada mas de la ley y los mandamientos. Nada mas de la voluntad de Dios. Antes, él debe aceptar hacer nuestra voluntad. Él tiene que liberar el mundo de la pobreza, el sufrimiento, la guerra, y la enfermedad; entonces, quizás la gente va a poner su fe en él. El mundo de hoy y el modernista católico que pertenece al mundo, hacen eco de los insultos de los sumos sacerdotes que crucificaron a Jesús: Que ese Mesías … baje ahora de la cruz; cuando lo veamos, creeremos. (Mc 15,32)

Entonces, a todos que sufren de dudas: ¿qué harían se Jesús mismo, resucitado de entre los muertos, vinieran y su pusieran ante ti y mostrara a ti la señal de los clavos en las manos y la herida en su costado y a ti dijera? Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree.

Esto es la realidad muy solida de la resurrección de Jesús. Esto es la realidad muy solida de aquél que ha conquistado al mundo porque ha conquistado al pecado y a la muerte. Esto es la realidad muy solida que sirve como fundamento de nuestra fe. Esto es la realidad muy solida que se esconde en la sagrada Eucaristía.

En lugar de la señal de los clavos y la herida en el costado, la muerte de Jesús se muestra ahora por la consagración separada de su Cuerpo y de su Sangre; sin embargo, no es un cadáver que recibimos en la comunión, sino el Cuerpo de Cristo que es vivo y dador de vida. Jesucristo, resucitado de entre los muertos, presente en la sagrada Eucaristía, es la realidad muy solida del mundo que ha de venir, que está continuamente invadiendo este mundo que se va desvaneciéndose y muriendo.

¿Quieres ver? ¿La visión de Tomas no basta para ti? ¿Quizás puedes escuchar las palabras de Jesús? dichosos los que creen sin haber visto.

La misericordia de Dios nos fue dado no para que podamos quedar en el pecado y la muerte, sino para liberarnos del poder de las tinieblas y transferirnos al reino del Hijo de Dios. (cf. Col. 1,13) La misericordia de Dios nos asegura que, aunque hubiéramos perdido el reino de Dios, el reino de la gracia, por nuestra culpa, la puerta para volver, la puerta del confesionario siempre quede abierta. La misericordia de Dios incluso pudiera sanar y perdonar la falta de fe que viene del modernismo, si uno solamente arrepintiese, si uno creyera, y si uno confesara, Mi Señor y mi Dios.

Y para los que viven en la gracia de Dios, pero temen por sus pecados pasados, por sus pecados veniales, por sus caídas repetidas, o por la debilidad de su carne, la misericordia de Dios nos enseña decir siempre, Jesús, yo confío en tí.

 

 

Share

Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

Recent Sermons