La Sagrada Familia

La Sagrada Familia

La Sagrada Familia
Padre Joseph Levine; 27 de diciembre, 2020
Lecturas: Sir 3,3-7.14-17; Salmo 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,22-40

Hoy, este domingo después de la Navidad, celebramos la Sagrada Familia de Jesús, María, y José. Una familia necesita un padre, pero hoy en día por desgracia a menudo los padres están faltando y la misma paternidad está fuertemente atacado por la cultura. Por eso quiero enfocar en San José.

El 8 de diciembre, la solemnidad de la Concepción Inmaculada de la Virgen, Papa Francisco anunció un año de San José empezando eso mismo día y para continuar hasta 8 de diciembre, 2021. Siendo que lo que el Papa, ejerciendo la autoridad que le fue confiado por Jesucristo, ata en la tierra es atado en el cielo, podemos confiar que Dios, la santísima Trinidad, va a responder por conceder una abundancia de gracia por la intercesión de San José. Lo mas que cultivamos la devoción a San José durante el curso de este año, lo mas que seremos bendecido por este nuevo derramo de gracia.

Es bien posible que el Papa declaró el Año de San José respondiendo al pedido de un sacerdote americano, Padre Donald Calloway, que ha escrito un libro excelente que se llama, ‘Consagración a San José: las maravillas de nuestro padre espiritual’. Recomiendo al libro, si una persona vaya a hacer la consagración misma o no.

Ahora, me permita decir algo de San José.

Dejando Nazaret, él llevó a la santísima Virgen a Belén, a donde la profecía del antiguo testamento se cumplió. Él encontró por ella la cueva en que dio a luz nuestro Salvador. Él permitió que los pastores y los reyes magos entraran para adorar al Niño. Él obtuvo la pareja de tórtolas o de dos pichones, que representaron los dos tesoros vivos que fueron entregados a su cuidado, y los dieron al sacerdote para ser ofrecidos en sacrificio. Él protegió a la Madre y a su Hijo de la furia homicida de Herodes, levantando en el medio de la noche y llevándolos consigo al Egipto. Después de la muerte de Herodes, José los llevó de nuevo a la tierra de Israel y habitó con ellos en Nazaret. Allá el proveyó por la Sagrada Familia por medio del trabajo de sus manos y el sudor de su frente. Al final, antes que Jesús saliera para proclamar el reino de Dios, José, completado la misión que le fue confiada por Dios, salió de este mundo en paz, muriendo en los brazos de Jesús y María. Mas cualquier otra persona, San José mereció escuchar las palabras de elogio de parte de Dios: Muy bien, servidor bueno y honrado … ven a compartir la alegría de tu Señor. (Mt 25,21)

San Mateo, que es nuestra fuente primaria para el conocimiento de San José, lo caracteriza muy simplemente como “un hombre justo”. (Mt 1,19) Estas palabras en la sagrada Escritura son palabras de lo mas alto elogio. Hablan de la perfección completa. Nos dicen que San José era el fruto mas perfecto de la alianza de Dios con Israel, el hombre mas fiel a la ley de Moisés y a las promesas hecho a Abraham y a los profetas. A la luz del nuevo testamento, podemos comprender que esto solamente fuera posible por un don extraordinario de la gracia de Dios, que superó todos los demás, con excepción de la misma Virgen. Por este don de la gracia San José recibió interiormente la justicia que viene de Dios por medio de la fe y hace que un hombre sea justo en los ojos de Dios mismo. (cf. Rm 3,21-26) De veras, él era digno de ser el esposo virginal de la santísima Virgen.

Si meditamos las palabras de San Mateo, a la luz de la tradición católica, especialmente según su desenvolvimiento durante los últimos siglos, y como ha sido expresado por San Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica, “Redemptoris Custos”, “El Guardián del Redemptor”, podemos vislumbrar la verdadera grandeza y santidad de San José. Por desgracia, esto a menudo se oscurece por traducciones inadecuadas y comentarios que faltan en reverencia.

San Mateo nos introduce a San José cuando el está reflexionando en su mente sobre un problema: su desposada, la Virgen María, está embarazada. El evangelista nos revela que la justicia de José está enraizada en la actitud de su mente, en su manera de pensar.

La primera cosa que tenemos que entender es que sea como fuera el sentido exacto de la palabra ‘desposada’ para referir a la relación de María a José, podemos decir que prácticamente equivale ‘casada’. Dios dio José a María para proteger su reputación en un tiempo en que la reputación de una mujer era su vida. Jesús fue concebido y nacido en circunstancias que en el contexto del tiempo toda la gente reconoció como honorable. La Virgen de Nazaret sufrió ningún deshonor ni desgracia en el pequeño pueblo de Nazaret por causa de su embarazo.

Ahora llegamos a donde las traducciones pueden oscurecer la realidad: según la letra del griego original San Mateo nos dice que la santísima Virgen fue encontrada embarazada por obra del Espíritu Santo. Lo mejor explicación, que remonta al menos a San Jerónimo en el 4º siglo, es que fue encontrada por San José quien reconoció que el embarazo era obra del Espíritu Santo. San José sabía el carácter de su esposa; sabía que era una virgen, santa, castísima, y consagrada a Dios. Por eso el embarazo de la Virgen fue un problema solamente para San José. Nadie en Nazaret tuvo razón para sospechar la prueba interior que San José estaba pasando. Antes, todos los felicitaron.

Entonces, ¿qué era el problema para San José? No era el embarazo de la Virgen, era su propia indignidad.

En el tiempo del antepasado de San José, David, el rey, buscó llevar el arca de la alianza en Jerusalén. Su primero intento fue caracterizado por el orgullo y presunción. El arca, que debería cargarse por los sacerdotes, fue colocada en una carreta de bueyes. Los bueyes se tambalearon y Uzá, uno de los hombres que guiaba la carreta, extendió su mano para estabilizar la arca. Luego Dios mostró su santidad y lo hirió, matándolo. (cf. 2 Sam 6,6-7) Entonces, David paró el intento, diciendo, ¿Cómo va a entrar en mi casa el arca del Señor? (2 Sam 6,9)

Mas tarde el trajo el arca a Jerusalén, pero solamente después de recibir una señal de parte de Dios. Para el segundo intento el arca fue cargada por los sacerdotes.

San José, cuando se enteró del embarazo de María, el reconoció que era en la presencia del arca viva del Señor.

Podemos también considerar la reacción de San Pedro, cuando Jesús lo mandó para remar hacia dentro del lago y echar las redes para pescar. San Pedro hizo según el Señor le dijo, aunque, siendo pescador de mucha experiencia, bien sabía que no iba encontrar pescados. Pero las redes se llenaron milagrosamente de una gran cantidad de pescados, mas que Pedro y sus compañeros en otra barca pudieron captar en las redes. Pedro, reconociendo que era en la presencia de la santidad de Dios se llenó de miedo y dijo, Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.

Mas que David y mas que San Pedro, San José, al descubrir el embarazo de María, se llenó de sentimientos del santo temor y indignidad en la presencia de Dios. El no pudiera presumir habitar con la santísima Virgen, Madre de Dios.

Y ¿su decisión? A veces traducciones modernas dicen que San José decidió divorciar a María en secreto. Esto no tiene sentido. En un pueblecito como Nazaret, un divorcio secreto sería imposible. Un divorcio traería desgracia en María, contra la intención explicita de José. Sin embargo, otras traducciones son posibles, como por ejemplo ‘separarse de ella’ o ‘distanciarse de ella’. El verdadero sentido, conforme al temor reverencial de José, era que él propuso distanciarse discretamente de la Virgen, de una manera que el pueblo no la hubiera sabido. Quizás decidió vivir en su taller, dejando la casa misma como un santuario sagrado para la Virgen y su Niño.

Esto es el contexto para el mensaje que recibió del ángel de Dios en el sueño mas divino que jamás un hombre experimentó: José, hijo de David, no temas aceptar a María como tu esposa, pues el Niño que ha concebido viene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mt 1, 20-21)

El ángel llamó a José ‘hijo de David’. Este titulo es importantísimo. Por medio del titulo el ángel le dio a saber al carpintero pobre que el mismo era heredero de la promesa real y mesiánica dada a David y por eso tuvo parte esencial en el plan de Dios. El matrimonio entre María y José, que era único en su carácter virginal, fue confirmado por Dios. ¿Qué dicho recibir de Dios como esposa la Virgen santísima! El ángel también reveló la importancia del papel de José como el padre legal de Jesús, que se expresa por imponer el nombre. Dando el nombre a Jesús, José lo dio un lugar en la familia humana y el pueblo de Israel y le transmitió la herencia de la promesa mesiánica a aquél que la iba llevar a cabo. San José hizo según le fue mandado por el ángel y vivió fiel a la voluntad de Dios y la misión que le fue confiada a él.

Todo esto está conforme a la tradición de reflexión sobre la vida y misión de San José que se desenvolvió en los últimos siglos en la vida de la Iglesia. Está conforme a las enseñanzas de grandes santos como San Francisco de Sales, el santo patrón de esta diócesis, y San Bernardino de Siena. Sin embargo, puede parecer ajeno a la manera contemporánea de pensar.

Aquí San José mismo tiene una lección importante para nosotros. Su justicia empezó en una actitud de pensar que se caracterizó por la reverencia. Vivimos en un tiempo que se caracteriza por la irreverencia y la blasfemia. Este espíritu de irreverencia y blasfemia ha penetrado incluso en la vida de la Iglesia. Cuando justamente estimamos la santidad de San José, el nos enseña como pensar y reflexionar con reverencia de la realidad sagrada que encontramos en Jesús y María. Él nos enseña que no debemos bajarlos al nivel de nuestra pecaminosidad sino dejar que ellos nos eleven a la santidad de Dios.

La reverencia es el respecto máximo que debemos a las realidades mas altas que pertenecen únicamente a Dios mismo. Cuando faltamos en la reverencia a lo mas alto, como vamos a mostrar el respecto debido a nosotros mismos y a nuestros iguales.

De verás, nuestra etapa de irreverencia y blasfemia es también una etapa de tosquedad, desprecio, y brutalidad en la vida humana. Si bajamos el sagrado para el lodo de nuestras mentes vulgares, entonces nos encontraremos a nosotros mismos revolcándonos en la suciedad como los puercos y trayendo los demás con nosotros.

En este año de San José, que nos convirtamos a él para que enseñe de nuevo el espíritu de reverencia. El temor del Señor es el principio de la sabiduría. (Pr 9,10)

A final, volvamos brevemente a la Sagrada Familia y el evangelio de hoy. Encontramos la Sagrada Familia en el templo, completando sus deberes religiosos. San Mateo nos revela la reverencia interior de la mente de San José. San Lucas nos revela la expresión exterior de la reverencia en la practica religiosa de la Sagrada Familia. San Lucas nos muestra que el culto publico de Dios tuvo el primer lugar en la Sagrada Familia de Jesús, María, y José. Así debe ser en todas las familias, siendo el padre el líder y podemos decir el sacerdote de la casa.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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