Mensaje para el 14º Domingo Ordinario

Mensaje para el 14º Domingo Ordinario

Padre Joseph Levine; 5 de julio, 2020
Lecturas: Zac 9,9-10; Salmo 144,1-2.9-11.13-14; Rm 8,9.11-13; Mt 11,25-30

¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

Estas palabras nos revela el misterio del Corazón Sagrado de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, quien siempre está presente a nosotros y siempre está dándose a nosotros en la sagrada Eucaristía.

San Lucas cuando nos relata las mismas palabras también menciona que Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo cuando dijo estas palabras. (Lc 10,21) En su Corazón Jesús siempre está convertido a su Padre, siempre está contemplando el rostro de su Padre, y él siempre quiere revelar el rostro de su Padre a la gente sencilla que crea en él, y él siempre quiere conducirnos para dentro del misterio de la santísima Trinidad.

La contemplación continua del rostro de su Padre es el secreto del Corazón manso y humilde de Jesús. Él quiere conducir nos para dentro del secreto de su Corazón por medio de el yugo suave de su Cruz. La contemplación del rostro del Padre, por medio del Corazón sagrado de Jesús, debe ser la fuente de nuestra fuerza y de nuestra alegría en medio de las pruebas duras del momento actual.

Tenemos mucha necesidad de esta fuerza y alegría hoy mientras celebramos la independencia de los Estados Unidos en un momento en que nuestro país se encuentra en medio de un gran peligro. Los eventos están sucediendo muy rápido y este país fácilmente puede convertirse en un nuevo Venezuela o Zimbabue, sino de una magnitud mucha mayora.

Celebramos la independencia de los Estados Unidos muy cercano a una ciudad en que por acto de violencia una estatua de Tomás Jefferson fue derrotada. Tomás Jefferson escribió nuestra Declaración de Independencia y por eso, a pesar de sus defectos humanos, no puede separar los dos. No pueden deshonrar la estatua de Tomás Jefferson sin deshonrar también todo el país de que el fue uno de los principales fundadores.

Nuestra parroquia se compone de ciudadanos de los Estados Unidos, residentes, y también personas que, aunque vinieran acá contra las leyes del país, ahora forman una parte vital de la comunidad aquí. Todos aquí, a pesar de sus sufrimientos, incluso injustos, tienen una obligación de gratitud al país.

Todos tienen una obligación a sus padres que nunca puede pagar por lo igual, incluso cuando sufre gravemente por causa de los pecados de ellos, y siempre será algo de sufrimiento. La obligación al país es algo semejante, y también al país anfitrión. Dar honor al país también hace parte del mandamiento honraras a tu padre y a tu madre.

La obligación aplica incluso a aquellos cuyos antepasados fueron llevados acá como esclavos, pero ahora a pesar de las desventajas que resulten de las circunstancias históricas, son ciudadanos libres y como tales iguales en el derecho. Es una cosa criticar el país, es una cosa buscar por medios pacíficos (que no significa gritando groserías a los policiales) introducir cambios, es otra cosa actuar para directamente deshonrar el país en sus fundadores.

Seguramente es licito criticar a Tomás Jefferson. Es bueno reconocer que el autor de la Declaración de la Independencia que escribió que todos los hombres fueron creados iguales, no vivió según su doctrina pues fue dueño de esclavos. Pero fue la misma doctrina que el puso al base de la vida del país que sirvió para la eventual emancipación de los esclavos. También yo lo criticaría por ser un racionalista que juzgó que Dios no realmente importaba para la vida humana y que querría reducir la enseñanza de Jesús a una selección de preceptos morales, quitando del evangelio todo lo que pertenece a los milagros y a lo sobrenatural. De verás, Tomás Jefferson parece ser uno de los ‘sabios y entendidos’ de quien Dios escondió los misterios de su reino. Sin embargo, fue fundador esencial del país y por eso solo merece honor por parte de todos que tienen parte en el país.

Entonces ¿qué debemos decir del ‘racismo sistémico’? Es importante entender lo que la palabra quiere decir, de donde viene, y porque se usa. Hay mucho engaño que se realiza por medio de las ambigüedades de las palabras y su impacto emocional. La palabra ‘racismo’ – hablando a personas que probablemente han sufrido de una manera o otra por el racismo – seguramente tiene un impacto fuerte emocional. Sin embargo, no debemos simplemente seguir las emociones. Tampoco debemos hacer juicios precipitados en un asunto tan delicado.

El racismo como pecado es un pensamiento, palabra, o obra que trata un ser humano, creado según la imagen de Dios y redimido por la sangre de Cristo, con desprecio por causa de su raza o etnicidad. Es evidente que a menudo las acciones racistas se enraízan en actitudes fuertemente arraigadas. Sin embargo, es difícil decir la verdadera extensión de esas actitudes hoy en día. También es importante saber que el racismo puede ir en la dirección tan de dominación como en la dirección de resentimiento.

También ha racismo ideológico que trata una raza como superior a los demás que a menudo se condenan como menos que humano o como estirpe mala. El ejemplo típico de tal ideología sería ‘supremacía blanca’ pero mientras la expresión se usa frecuentemente, la supremacía blanca, organizada, es muy marginalizada hoy en día en los Estados Unidos.

Al final, nada de esto es ‘racismo sistémico’. De verás racismo sistémico tampoco se refiere a racismo que es incorporado en las mismas leyes y instituciones del país. En los Estados del sur, donde antes existía la esclavitud de los negros, después existieron hasta los años 60 leyes exigiendo separación entre blancos y negros, dejando la parte inferior a los negros. Esto fue racismo institucionalizado. Pero hoy en día las leyes estrechamente prohíben todo tipo de discriminación racial.

Cuanto al racismo sistémico no puede ni demostrar ni refutarlo. Para los devotos de la ideología existe por definición. Una manera de decirlo sería que con tal que en los Estados Unidos los ingresos medios de los hogares de los negros está menos que los ingresos medios de los hogares de los blancos, la única legitima razón que puede darse es ‘racismo sistémico’.

Se dice, en efecto, que siendo que los negros históricamente fueron esclavos en este país, y después fueron victimas de leyes racistas, ellos quedan desventajados social, política, y económicamente, mientras los blancos, todos los blancos, han beneficiado de la victimización de los negros y por eso gozan de ‘privilegio blanco’. Este ‘privilegio blanco’ es injusto y racista si la persona está consciente de el o no. Por lo demás, no importa el comportamiento del blanco, el es racista porque goza del privilegio blanco. Esto es el racismo sistémico. La justicia solamente puede establecerse por destruir el privilegio blanco, incluso si esto lleva a la destrucción de todo el país. Es la justicia de la venganza.

Siendo que ‘privilegio blanco’ consiste especialmente en la ventaja económica la exigencia característica del movimiento BLM es para las ‘reparaciones’ económicas. Esta demanda exigiría trillones de dólares para ser distribuidos entre la población negra del país para compensarlos por la esclavitud que sus antepasados sufrieron.

Mientras todo esto tiene una apariencia superficial de la justicia, es un poco ingenuo, pues aísla una injusticia singular histórica de toda la red de injusticias sociales. De verás, toda la historia humana se compone de una red muy complicada de injusticia. Sería posible enumerar muchísimas injusticias del pasado, incluso injusticias que los diferentes pueblos europeos han sufrido, y preguntar si también ellos merecen recompensa hoy. De verás, ningún juez humano es capaz de rectificar todas las injusticias sociales del pasado. Solamente Dios tiene la sabiduría y justicia para juzgar de esas cosas y así debemos dejarlas en las manos de Dios.

La Virgen de Guadalupe no llevó una recompensa material a los indígenas de México por causa de las injusticias que sufrieron de parte de los conquistadores, sino reconcilió conquistador y conquistado por medio del bien del evangelio, que supera por infinito todos los bienes materiales.

Ahora podemos decir lo que realmente se encuentra a la raíz del movimiento BLM. La raza es nada mas que ocasión que puede explotar. La ideología que dirige el movimiento es el Marxismo, esto es el Comunismo. Por desgracia, la gente solamente ve una contrariedad entre Marxismo y Capitalismo, como entre dos sistemas económicos. Por eso, cuando sufren bajo un sistema capitalista, piensan que Comunismo puede ser un alternativo bueno. Es una ilusión – incluso en campo económico. Pues el verdadero base del Marxismo es el materialismo ateo – esto quiere decir la doctrina que Dios no existe y solamente existe un mundo puramente material y físico. De verás, el Marxismo es sobre todo un ataque contra Dios, contra Jesucristo, y contra la Iglesia Católica. Todo lo demás es pretexto.

Aquí también podemos entender porque la supremacía blanca es el blanco de su ataque. Pues la fe en Jesucristo ha llegado a nosotros por medio de Europa y vestido en ropa de la cultura europea. Y sucede que los pueblos históricos de Europa son pueblos blancos. La fe en Jesucristo no nació en Europa pero los europeos se hicieron parte integral de su transmisión desde el día en que San Pablo pasa de Asia a Macedonia y predicó el evangelio en Filipos. (cf. Hechos 16,9-15)

Por desgracia, los que actualmente son supremacistas blancos dan crédito al narrativo marxista y son traidores a la herencia de la cultura europea y occidental que desnudan de su riqueza espiritual y cultural y reducen al color de la piel.

Sin embargo, Europa está muriendo porque se separó y rechazó sus raíces cristianas. Ahora la civilización occidental no mas pertenece a Europa; en los Estados Unidos la civilización occidental está muriendo. De verás, la civilización occidental en su esencia ni es europea, ni occidental, ni blanca, sino universal, como la fe católica que la alimentó es universal. Quizás África será la próxima portadora de la civilización ‘occidental’.

Al final los activistas marxistas identifican la supremacía blanca como lo mal esencial, y después identifican todo que ha venido de Europa desde Cristóbal Colón como obra de supremacía blanca. Por consecuencia pueden acusar la misma fe católica, que vino a las Américas en las barcas de Cristóbal Colón, de hacer parte del mal pésimo de supremacía blanca. Si al dueño de la casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás de la familia! (Mt 10,25)

Miren, si las personas quieren hablar de injusticias sistémicas en los Estados Unidos, bien pudiéramos hablar de anticatolicismo sistémico. De verás, el anticatolicismo ha sido llamado el último prejuicio aceptable en los Estados Unidos.

Además, el anticatolicismo no es solamente sistémico sino ha sido institucionalizado por una serie de decisiones del Corte Supremo, que forman la cultura publica y efectivamente prohíben la participación de los católicos fieles. Primero la decisión Roe v. Wade que reconoció un derecho constitucional a procurar un aborto; después mas recientemente la decisión Obergefell v. Hodges que reconoció un derecho a lo que se llama matrimonio homosexual; y ahora en el medio de junio, Bostock v. Clayton County, en que el Corte Supremo abrazó la locura total por negar la realidad del sexo biológico en su interpretación de una ley que prohibió la discriminación por razones del sexo biológico.

Por consecuencia un católico que quiere ser fiel a la verdad de la realidad, confirmada por la revelación dada por Dios, y por eso juzga que el aborto directo y voluntario es la matanza de un ser humano de su condición mas inocente y vulnerable, y juzga que el matrimonio solamente puede ser entre un varón y una mujer, y que hay una diferencia importante entre varón y mujer que se enraíza en una realidad física que no puede cambiarse, será marginalizado. Al menos será necesario callar al respecto de lo que no es solamente una creencia personal sino la verdad de la realidad.

Al final se exige de un católico que acepta un acuerdo implícito de callar de lo que cree cuando está en el publico. No es nada de nuevo. Para ganar la elección presidencial de 1960 John F. Kennedy tuvo que anunciar que su fe católica no tendría lo mínimo de influencia en su política. Por desgracia parece que no tuvo dificultad hacer este pacto inicuo. Además, parece que abrió el camino de silencio y sumisión por muchos católicos americanos, políticos pero también obispos y sacerdotes durante los últimos 60 años.

La única cosa que pudiera impedir el deterioro del país durante las últimas décadas fuera una Iglesia católica fuerte y fiel. Por desgracia, la misma Iglesia parece como está pasando por un proceso de auto-demolición, buscando con avidez seguir la cultura en su camino para bajo.

A pesar de todo la respuesta católica al anticatolicismo nunca ha sido buscar destruir el sistema; nunca ha sido la venganza; la respuesta católica siempre es buscar la conversión, que debe empezar por ‘por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa’.

El lunes pasado celebramos los Apóstoles Pedro y Pablo, muertos por el sistema del Imperio Romano, sino victorioso por su fe. Unos 300 años mas tarde, los mismos Imperadores profesaron la fe de San Pedro y San Pablo.

¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

Si nos encontramos entre la gente sencilla de que habla Jesús, si hemos recibido el conocimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, si hemos experimentado su amor tan grande, podemos decir con San Pablo, Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? … En todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó. (Rm 8,31.37)

En las palabras del salmista: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré? Cuando los malvados se lanzan contra mí para comer mí carne, ellos mis enemigos y contrarios tropiezan y perecen. Si me sitia un ejército contrario mi corazón no teme; sí una guerra estalla contra mí, aún tendré confianza. (Salmo 27,1-3)

Nos encontramos en medio de una guerra, sitiado por los enemigos interiores de los siete vicios capitales y por los enemigos exteriores de la revolución y la tiranía. ¿Qué debemos hacer?

Primero, lo esencial es la Misa, la confesión, y el rosario – el rosario es la gran arma espiritual que siempre está a nuestra disposición, pues el combate no es contra la carne y sangre sino contra el diablo y todos los espíritus malvados. (cf. Ef 6,10-18)

En segundo lugar, les doy dos ejemplos de como llevar el combate en el foro publico.

La guerra contra las estatuas ha tocado dos santos católicos, San Junípero Serra, el gran misionero de California, y San Luis, Rey de Francia, de quien la cuidad americana, St. Louis, ha recibido su nombre.

Mientras las estatuas de San Junípero Serra fueron derrotadas en San Francisco y Los Ángeles, en Ventura, California un pequeño grupo de católicos se reunieron delante la estatua del santo que está delante el ayuntamiento de la municipalidad. Rezaron el rosario y consiguieron impedir que la muchedumbre derrotara la estatua.

En St. Louis, hay una estatua magnífica del santo en un lugar publico. La muchedumbre desfiguró el pedestal con su grafiti y querría derrotar la estatua, pero un grupo de católicos conducido por un sacerdote joven reunió para defender la estatua, limpiar el pedestal, y rezar el rosario. Enfrentando la muchedumbre enfurecida, el sacerdote, con mucha paciencia buscó exponer a ellos la bondad de San Luis.

Estos dos ejemplos nos muestran el camino de Corazón de Jesús que es manso y humilde. No es un camino de debilidad, sino exige gran fuerza, valentía, y caridad.

Para decir la verdad, los Estado Unidos de América ha perdido su camino y necesita la Iglesia católica, necesita la fe católica.

Ahora llegó el tiempo para echar al lado el temor y la vergüenza. Debemos ahora declarar abiertamente: Los Estados Unidos debe convertirse a la fe católica. Esto no va a realizarse por la fuerza, sino por la oración, la evangelización, y la abundancia de la gracia de Dios. Los católicos que han venido acá por razones personales, a menudo económicos, no vinieron acá sin la providencia de Dios. Tienen una misión de parte de Dios que va mucha allá de su vida personal. Su misión es buscar el bien del país anfitrión por medio del buen ejemplo, la oración, y la evangelización. Qué la Virgen Santa María, bajo el titulo de la Concepción Inmaculada, la Patrona de este país, lleve a cabo la conversión que tanto deseamos.

América ha perdido su camino por causa de una ambigüedad en la misma Declaración de Independencia que celebramos hoy, una declaración que proclama el derecho de buscar la felicidad. Este derecho seguramente se encuentra al centro de la vida americana y el ‘sueño’ americano, sin embargo, lo que la fe católica nos enseña y que América tiene que escuchar, es que la felicidad no se encuentra en cualquier cosa que sea, no se encuentra en hacer lo que quiero yo, no se encuentra en una cosa para uno y otra para otro. No, en este mundo, la verdadera felicidad se encuentra sobre todo en el conocimiento de Jesucristo por la fe y en el mundo que ha de venir se encuentre en el cumplimiento de la fe que es la misma visión de la santísima Trinidad. Dichosa la gente sencilla a quien esto ha sido revelado.

La Iglesia católica ofrece a América la visión que muestra el camino a la verdadera felicidad, la caridad que supera las divisiones entre las razas y une los de toda raza, lengua, pueblo y nación en el único Cuerpo de Cristo, y la misericordia que sana las heridas de las injusticias históricas.

Concluimos continuando del salmo: Una cosa al Señor sólo le pido, la cosa que yo busco es habitar en la casa del Señor mientras dure mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y cuidar de su santuario … jubiloso en su carpa ofreceré sacrificios con aclamaciones. Quiero cantar, tocar para el Señor. (Salmo 27,4.6)

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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