Mensaje para el 5º Domingo de Cuaresma

Mensaje para el 5º Domingo de Cuaresma

Padre Joseph Levine; 29 de marzo, 2020. Lecturas: Ez 37,12-14; Sal 130,1-8; Rm 8,8-11; Jn 11,1-45

Jesús se puso a llorar. Jesús se puso a llorar por causa de la muerte de Lázaro, aunque bien sepa que luego él lo resucitará de la muerte. De verás, Jesús sabe todo nuestro sufrimiento, nuestras heridas, nuestro dolor y él se pone a llorar por nuestra causa, aunque también sepa la manera en que todo esto obre para lo bien de los que lo aman. Jesús se pone a llorar por toda la miseria del mundo en este tiempo del pandémico.

Jesús se pone a llorar por toda la miseria del mundo pasajero, pero se pone a llorar aun mas por todos los que se hayan apartado de el en sus corazones, todos los que se hayan endurecido en sus pecados, todos los que nieguen de creer en él, todos los que estén ciegos a su presencia y realidad, especialmente por los que tengan la disculpa de la ignorancia, especialmente por los que sean consagrados a él, sean por el bautismo, sean por la confirmación, sean por el orden sagrado, o los que se consagraren a el por los votos religiosos.

Jesús se pone a llorar porque es el Salvador que quiere salvarnos, pero nosotros rechazan su salvación. Jesús se pone a llorar porque quiere abrir los sepulcros en que nos hemos sepultados a nosotros mismos y conducirnos fuera para una vida nueva, pero no queremos salir.

¿Qué es esta muerte en que ahora vivimos? ¿Qué es la vida a que Jesús nos llama?

San Pablo escribe, según la traducción oficial del leccionario, los viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero según la letra es: los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Vivir según la carne es una muerte viva o una vida muerte.

La traducción oficial comunica una parte del sentido, pero no lleva la fuerza compacta del vocabulario mismo. La carne es limitada, finita, y por eso símbolo de todo lo limitado y finito en comparación al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, el Espíritu de la bondad sin limite, la bondad infinita, el Espíritu todopoderoso y vivificante.

Un poco antes San Pablo escribió: Los que viven según la carne no piensan mas que carne, y los que viven según el Espíritu buscan las cosas del Espíritu. (Rm 8,5)

Cada uno busca un propósito en todo lo que hace; cada uno busca un propósito en su vida. Puede ser una cosa ahora y otra cosa mas tarde, pero siempre hay un propósito. A veces el propósito es muy consciente y intencional, pero a otras veces una persona se lleva un poco pasivo, sin mucho pensar o reflexionar por su parte, sin embargo, hay un propósito en sus acciones.

El propósito del Espíritu Santo es que seamos conformados a la imagen del Unigénito Hijo de Dios, que seamos hijos en el Hijo, (cf. Rm 8,29) que así podamos llegar a la visión de Dios, la Santísima Trinidad, cara a cara, que lo podamos verlo así como es (1 Cor 13,12; 1 Jn 3,2) y al final por la resurrección del cuerpo que podamos ser completos y con nuestra persona completa, cuerpo y almas, ser unidos con Dios en la vida eterna. El propósito del Espíritu es que seamos unidos con Dios y así gocen el bien infinito que Dios mismo. Para los que aman a Dios todas las cosas colaboran para realizar este bien. (cf. Rm 8,28)

Para realizar este bien el Espíritu Santo ya viene para habitar en los que creen Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, los que han muerto para el pecado y viven para Dios; el Espíritu Santo los transforma interiormente por su gracia, la gracia santificante, que es una participación en la misma vida y naturaleza de Dios que nos hace verdaderamente hijos de Dios. (cf. 2 Pe 1,4; 1 Jn 3,1)

Para conducirnos a compartir el bien infinito que es Dios mismo, el Espíritu Santo nos conduce, paradójicamente, por el camino de la Cruz, que exige que reconocemos y aceptamos los limites que a nosotros pertenecen por causa de la naturaleza humana creada por Dios, los limites impuestos por la ley de Dios, y los limites que se nos imponen por causa de la presencia y las consecuencias del pecado en el mundo y en nuestras propias vidas. El limite final de esta vida pasajera y limitada es la muerte del cuerpo.

Solamente por aceptar la limitación de la Cruz y vivir con la consciencia de nuestra muerte que es inevitable y el juicio que la sigue, sabiendo así que tendremos de rendir cuenta a Aquel que nos creó, podamos así entrar en la libertad sin limites de los hijos de Dios. Solamente por aceptar la limitación del a Cruz seremos capaces de oír la voz del Hijo de Dios que nos llama para salir como Lázaro de los sepulcros que nosotros mismos hemos construidos para nuestra vida.

Al contrario, los que están en la carne, no tienen en si el propósito del Espíritu Santo. Si todavía creen en Cristo, su fe es muerta, porque la fe en Cristo no gobierne sus pensamientos, deseos, y acciones. Como resultado, el propósito que dirige su vida y acción se limite a este mundo pasajero. Como resultado, aunque no busquen los pecados que claramente son ‘pecados de la carne’, viven según la carne pues viven en la angustia y limitación de la creatura que se separa de Dios. Incluso el diablo, el espíritu impuro, que no tiene literalmente la naturaleza de la carne, vive según la carne porque se cerró al Creador y ha dedicado su inteligencia tan poderosa a la seducción de los hombres, hecho de carne y hueso.

Podemos aquí hacer una pausa para poner una pregunta especialmente a los que se encuentran en el frente de la batalla actual contra el pandémica: “¿Qué es su propósito? ¿Por qué hace lo que esta haciendo? ¿De dónde recibirá la fuerza necesaria?” Su propósito es lo esencial, es lo que hará la diferencia.

Y ahora consideremos lo que se revela ahora por la batalla contra el pandémica.

El Código del Derecho Canónico, que es la ley de la Iglesia Católica, termina haciendo referencia a un dicho famoso en latín: Lex suprema salus animarum. (cf. CDC 1752) Normalmente esto se traduce: “La ley suprema es la salvación de las almas.” Esto, de veras, es la ley del Espíritu Santo, su propósito.

Pero, el dicho puede traducirse mas literalmente como, “La ley suprema es la salud de las almas.” Ahora, se manifieste la medida en que la ley de la carne domina en el mundo actual pues en lugar de “la salud de las almas” tenemos “la ley suprema es la salud de los cuerpos.”
Ahora la regla de la carne, la salud de los cuerpos, se manifieste porque descubrimos que estamos viviendo en temor bajo el dominio de la dictadura mundial de la sanitación.

De un día para el otro, sin una palabra de protesto, casi todo el mundo que se enorgullece de llamarse ‘libre’, ha rendido su libertad. Oficiales que tienen su cargo por una vota democrática, políticos que en otros tiempos hablaran mucho de ‘derechos’ y ‘libertades’ de varios tipos, demuestran una facilidad en editar decretos sin consideración de los derechos fundamentales. Todo esto es por causa de la salud de los cuerpos. Los decretos revelan lo que se considera como actividades y negocios ‘esenciales’ y los que no son ‘esenciales’. Según estos lideres del mundo, la salud de los cuerpos es esencial; la salud de las almas no es esencial. La Iglesia es tratado como completamente inútil, no esencial, sin mas para contribuir que cualquier divertimiento.

Ahora la regla de la carne se manifieste por la dictadura mundial de la sanitación, pero la regla ya estaba dominando todo. Hasta ahora, la regla de la carne limitada y finita buscó tomar el lugar del Dios ilimitado y infinito; la regla de la carne buscó negar todos los limites que Dios impuso para lo mismo bien de la carne.

La regla de la carne buscó negar la limitación fundamental del cuerpo humano, fingiendo convertir los varones en mujeres y las mujeres en varones.

Por medio de la tecnología, en particular los medios modernos de comunicación y transportación, la regla de la carne buscó quitar los limites del espacio y del tiempo. Ahora, mientras todavía podemos comunicar por todo el mundo en un instante, hemos sido restringidos a un lugar y hemos sido mandados a quedar en la casa.

Por medio de la tecnología la regla de la carne buscó quitar las limitaciones de la inteligencia humana. Por eso hemos puesto nuestra confianza en los dados casi infinitos que pueden guardarse en los computadores y el poder calculador de lo mismo. Ahora, no es la sabiduría de Dios, ni la sabiduría humana, sino la estadística que gobierna el mundo. Sin embargo, todos los dados incompletos que podemos disponer no nos otorgan la confianza en combatir contra el pandémica, a pesar de las restricciones severas en nuestros movimientos y actividades. Quiere decir, todo esto puede funcionar o puede no funcionar; no sabemos.

De veras, si fuera un bien que era propuesto, una promesa grande, que fue puesto a los cimientos de toda la maquinaria del progreso moderno, era la conquista de las enfermedades. Si fuera un bien realizado que pudiera usar para demostrar que la humanidad escogió el camino justo, fue la conquista de las enfermedades. Ya tantas enfermedades que otrora debilitaron la vida humana y quitaron la vida han sido controlados, dando a la humanidad la ilusión de control divino.

Ahora la humanidad ha sido reducido y humillado por una enfermedad que no podemos controlar.

Jesús llama a todos que están dispuestos a escuchar: ¡Sal de ahí! Salgan de los sepulcros del pecado que han construidos para si mismo.

Jesús llama a todos que están dispuestos a escuchar: ¡No tengan miedo! Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

Ahora todo el mundo está aterrorizado por el peligro de la muerte del cuerpo, pero quien cree en Jesús y viva en su gracia, sobrevivirá la muerte del cuerpo para vivir eternamente y gozar la resurrección a la vida. El nunca morirá. Por eso, Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.

Su promesa es verdadera. Su promesa es segura. Lo que él dijo vendrá. El cielo y la tierra pasarán, pero su palabra nunca pasará. (cf. Mt 24,35)

Jesús dijo: Llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.

Ahora se ha manifestado el vacío y la impotencia de la regla de la carne; ahora debemos escuchar la voz del Hijo de Dios que nos llama de la muerte del pecado a la vida de la gracia para que podamos ver la gloria de Dios y gozar la resurrección para la vida.

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.