Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús

Que el Señor siempre nos cuenta entre la gente sencilla a que él revela los tesoros escondidos del Corazón Sagrado de Jesús, traspasado por nuestros pecados y coronado por las espinas de nuestra ingratitud.

1789 fue el año en que empezó la revolución francesa, una revolución contra el Sagrado Corazón de Jesús, una revolución que era emblemática de todas las revoluciones modernas y todo el rechazo moderno de Dios.

Hay el rechazo de Dios que viene no por causa de la ciencia, sino por causa de un ‘espíritu científico’ que quiere mostrarnos un mundo que es nada mas que una maquina impersonal que marcha según leyes determinadas que no tiene origen; nos dice que solamente existe un universo que no nos conoce y no nos cuida.

Hay el rechazo de Dios que se encuentra en la exaltación de un sistema económica que la gente trata como su fuera una maquina para mantener, una maquina que va averiándose. Es una maquina impersonal que no nos conoce y no nos cuida.

El rechazo de Dios se encuentra en la maquinaria impersonal de las burocracias del gobierno, en que nos hacemos dependientes, mientras nos distribuyen ‘beneficios’ sin un corazón de caridad.

El rechazo de Dios se encuentra en una vida política y publica que ha sido desnudada de cualquier referencia a Dios, cualquier reconocimiento de Dios, de que toda la influencia de nuestra santa religión se excluye sistemáticamente.

Ahí tiene la verdadera injusticia sistemática: que Dios sea sistemáticamente quitado de todo; la construcción de un mundo humano en que Dios no tiene parte.

El rechazo de Dios también se encuentra en la revolución contra la maquina en nombre de ‘ecología’. La revolución contra la maquina no ha redescubierto a Dios, sino echa la culpa en Dios por la maquina construida por los hombres, y pone en lugar de la maquina la idolatría de la Madre Tierra, Pachamama. No nos dicen que ‘Madre Tierra’ es una madre que consume a sus hijos.

Dios se excluye de todo y las historias, escritos por los enemigos de Dios, y por eso no nos cuentan la historia de la revolución católica contra la revolución francesa, el levantamiento de la Vendee. El emblema del levantamiento de la Vendee era el Sagrado Corazón de Jesús.

El Sagrado Corazón de Jesús es el emblema de la única revolución legitima – no una revolución contra el orden justo, sino una revolución contra el mundo, la carne, y el diablo, una revolución contra el domino impersonal de la maquinaria y una revolución contra la idolatría de la Madre Tierra, la revolución del amor divino.

Por medio del Sagrado Corazón de Jesús venimos a conocer el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor.

El Sagrado Corazón de Jesús es el emblema vivo, signo, y prueba del amor de la Santísima Trinidad, el amor que creó el universo, el amor que creó las leyes de la naturaleza, el amor que creó el sol, la luna, las estrella, las montañas, los océanos, los campos, las flores, los ríos, los animales; el amor que creó al hombre, varón y mujer, según su imagen; el amor que quiere solamente que respondemos a su amor con nuestro amor.

El Sagrado Corazón de Jesús es el emblema vivo, el signo, y la prueba del amor de Dios para su santa Iglesia, y del amor muy personal y intimo para cada uno de nosotros los bautizados, y de la llamada a todos a arrepentirse, ser bautizado y dejarse ser abrazado y abrazar el amor del Corazón de Jesús.

Ha sido mucha discusión de las vidas que importan: el Sagrado Corazón de Jesús es el emblema vivo, el signo, y la prueba de que cada uno de nosotros importa a Dios, la santísima Trinidad, el Creador del universo. Importamos a él personalmente; él nos conoce cada uno por nombre; el nos llama cada uno por nombre. El nos dio su único Hijo como prueba de su amor y para llamarnos a la salvación y a la vida eterna.

El Corazón de Jesús ha sido traspasado por nuestras ofensas y coronado con las espinas de nuestra ingratitud, pero el no va a forzar nuestro amor. Antes el viene a nosotros como un mendigo, pidiendo nuestro amor. Aunque lo hemos rechazado el no desespera, sino continua amándonos. Con tal que quedemos en esta vida, su costado traspasado y la corona de espinas no es una condenación, sino una llamada al arrepentimiento.

El nos dio a nosotros su propio Corazón y no lo volver a quitar. El solamente pide en cambio nuestro pobre corazón. El quiere que reconocemos y honramos el amor de su Corazón por palabra y hecho, no solamente individua y privadamente, sino publica y socialmente. El quiere que el amor de su Corazón reina en nuestros hogares, nuestras ciudades, nuestra nación, y en todo el mundo. Él es nuestro Rey, Jesucristo.

¡Qué no mas lo clavamos en la Cruz! Antes ¡qué nos prostramos ante sus pies en el gran sacramento de su amor, la sagrada Eucaristía!

Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat!

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.