Viernes Santo

Viernes Santo

Padre Joseph Levine; 2 de abril, 2021

El domingo de Ramos oímos el narrativo de la Pasión de Jesús según San Marcos. En este narrativo, luego antes de decir que Pedro lo negaría y luego antes de entrar en el jardín de Getsemaní, Jesús dijo: Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”; pero cuando resucite, iré por delante de ustedes a Galilea.

La situación actual en la Iglesia Católica está conforme a estas palabras de Jesús; parece como los pastores de la Iglesia del Papa hasta casi los obispos todos – sean seguidores de Judas, sean cobardes, sean confusos, sean de buena voluntad – parece como han sido ‘herido’ por una esfuerza misteriosa. El resultado es que los fieles católicos andan confusos y no saben que pensar. En una hora en que necesitamos dirección clara y fuerte de los pastores, los obispos, esto está faltando. Entretanto, un mal muy grande está actuando en el mundo. Parece que hay poca oposición a lo mal, aunque a veces los malhechores mismos tienen agendas diferentes, así como los sumos sacerdotes y Poncio Pilato.

Entonces, ¿que hacemos?

Este Viernes Santo, como en todos los Viernes Santo, desde los tiempos antiguos, hemos escuchado del narrativo de San Juan sobre el sufrimiento y muerte de Cristo. Mas que los otros evangelistas, San Juan nos muestra que paradójicamente, Jesús está en control cada paso de su camino, desde el momento en el jardín en que por el poder de su voz derribó a los soldados a la tierra antes que permitiera que lo tomaran arrestado; hasta su porte real ante Pilato, incluso después de ser azotado y coronado de espinas, cuando con calma dice a su juez temeroso que él no tiene autoridad ninguna sobre si sino lo que le fuera dado de lo alto; hasta la manera y sentido deliberado de sus últimas palabras de la Cruz y la libertad suprema por la cual inclina la cabeza y entrega el espíritu. Incluso cuando el soldado traspasa su costado después de la muerte él está cumpliendo el designio de Jesús.

Jesús es el buen Pastor que da su vida por las ovejas, que da su vida para retomarla en la resurrección. Lo hace para darnos la vida, la vida de la gracia, la vida eterna. Debemos poner nuestra confianza en él.

Cuando el evangelista nos dice que Jesús entrega el espíritu él no está refiriendo solamente a la muerte de Jesús, sino a su muerte como el origen del don del Espíritu Santo. Cuando el soldado traspasa el corazón de Jesús con la lanza y la sangre y el agua brotan de allí, esto no es solamente mas una injuria al cuerpo muerto, ni solamente el cumplimiento de la profecía, es una revelación, una revelación del amor del Corazón de Jesús de que brota el manantial que da la vida, el manantial de la gracia y la misericordia.

Para vivir del don del Espíritu Santo y gozar del manantial de la gracia y misericordia debemos cuidar para que no nos sean contados entre las ovejas dispersas, sino que nos encontremos entre las ovejas fieles que quedan junto a la Cruz.

San Juan también nos dice el secreto por mostrarnos la santísima Virgen al pie de la Cruz.

De la Cruz Jesús no solamente nos da María como nuestra Madre, el nos muestra que por su presencia y por su colaboración con él mientras queda al pie de la Cruz ella se hizo nuestra Madre. Ella se hizo nuestra Madre por colaborar con Jesús, el Redentor crucificado, como la corredentora.

Las personas mal entienden esta expresión ‘corredentora’ pensando que hace que María sea igual a Jesús. (cf. Rm 8,17) Miren la sagrada escritura misma da a nosotros mismos el titulo de ‘coherederos’ con Cristo, aunque no seamos iguales a él. Así no debemos extrañarnos al titulo de corredentora dada a María pues este titulo no quiere decir que es igual a Cristo, su Hijo, el Redentor, que también la redimió antemano en su Inmaculada Concepción.

Sin embargo, precisamente por causa de su Inmaculada Concepción, por la cual fue preparada para ser la digna Madre de Dios, y precisamente por causa de su maternidad de Jesús, María fue capaz de estar al pie de la Cruz no como una espectadora pasiva y desesperada, sino como una participante inteligente y activa. Ella entendió que Jesús, su Hijo, el inocente Cordero de Dios, estaba dando su vida como un sacrificio expiatorio por los pecados de los hombres, y ella activamente unió su intención con la de él, ofreciendo su corazón y su voluntad. Ella quedó al pie de la Cruz diciendo en su Corazón, “Amén. Así sea. A Dios sea la gloria.”

María quedó al pie de la Cruz sabiendo que esto no fue el fin, sino el inicio; ella quedó al pie de la Cruz como la única creyendo en la Resurrección. Luego después de la concepción de Jesús, Santa Isabel dijo de María, Dichosa tu por haber creído. (Lc 1,45) Al pie de la Cruz, la fe perfecta de María brilló en el grado mas alto. Ella es la discípula que aprendió perfectamente la instrucción de su Maestro y por eso puede tomar parte en su obra de una manera única. (cf. Lc 6,40)

La participación de María en el sacrificio de Cristo en la Cruz es el ejemplar para nuestra participación en el santo sacrificio de la Misa, que es uno con el sacrificio de la Cruz.

Los que están con María al pie de la Cruz (Juan, el discípulo amado, y las mujeres) están allí por causa de su devoción a María. Fue María que los atrajo para juntarse con ella al pie de la Cruz. Fue María que les enseñó para confiar en Jesús. Fue María que les alcanzó la gracia de estar consigo y tomar parte en el sacrificio de Jesús. Las ovejas que no se dispersan son las ovejas que quedan cercanas a María, las ovejas consagradas a María. Estas son las ovejas fieles.

 

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Fr. Joseph Levine graduated from Thomas Aquinas College and after a long journey was ordained to the priesthood for the Diocese of Baker, Oregon. He currently serves as pastor of St. Peter Catholic Church in The Dalles on the Columbia River.

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